lunes, 24 de marzo de 2025

TODOS LOS 24 DE MARZO.

Empezaba el mes de junio y a la par el mundial 78, ese día jugaba Argentina y mis viejos se habían comprado un televisor usado para ver los partidos, de esos 14 pulgadas, en blanco y negro, un artefacto que suponia ser una ilusión en medio de la oscuridad. Esperaban a un amigo que llegaría unos veinticinco días después, ya no con la emoción del encuentro sino con el horror de haber estado secuestrado casi un mes.

No tenía fuerzas ni voz ni palabras para describir lo que había vivido. Llevaba puesto un jean de mujer que se le caía de lo flaco que estaba. Los ojos, morados de tanto que le apretaba el repasador que le habían atado para que no pueda verle la cara a la tortura. Pero la escuchaba, podía olerla y la recordaría toda su vida.

Él pudo contarlo.

30000 desaparecidos, no.


Hoy, 24 de marzo de 2025, me subo al colectivo para ir a visitar a un amigo, con quien estamos armando un proyecto artístico.

Me pongo los auriculares y mientras miro por la ventanilla, voy entrando en una especie de trance que me abstrae de todo lo que pasa alrededor.

Me siento bien, el aire me da suavecito en la cara, es un lindo dia otoñal y feriado.

Y pienso, un día como hoy, hace poco menos de cincuenta años, esto que estoy haciendo no era posible en mi pais. O lo que es peor, era peligroso.

Y pienso en mis viejos, que en los setenta y pico tenían unos años menos que yo hoy y por un tiempo que duró una eternidad, no podían hacer algo tan sencillo como juntarse con un amigo.

O podian pero con la clandestinidad de quien está cometiendo un delito o al costo de poner en riesgo su vida.

Creo que los que no fuimos contemporáneos a la dictadura, por más conciencia que tengamos, no llegamos a dimensionar lo que se vivió en esa época; quienes tuvimos la fortuna de nacer y crecer en un país democrático, pensamos la libertad como si hubiese estado siempre, como un derecho indiscutible, inherente al ser humano. Y claro que lo es, pero durante unos cuantos años, no lo fue. Y este "no lo fue" fue de la manera más cruel y despiadada.

El ser humano atentando contra el ser humano por creerlo subversivo.

Crimenes de lesa humanidad.

Y podemos decir que nos salvó y nos seguirá salvando precisamente todo aquello que intentaron callar. El arte, la psicología, el pensamiento crítico, lo colectivo, la libertad de expresión, la historia, la militancia, nuestros derechos.

Lo que NUNCA debería reclamarse
porque NUNCA deberían quitárnoslo.


Pero pasó y dejó una marca indeleble en nuestra historia, un agujero negro. 
La noche oscura del país, que duró años.

Por eso, aunque hayamos recuperado la democracia, no hagamos la plancha, sigamos cultivándola y no nos olvidemos que alguna vez se nos negó.

Que no nos vengan a decir que la libertad es otra cosa.



Siempre quise saber más que aquello que nos contaron en la escuela. Vi documentales, películas, series, escuché testimonios, el juicio a los genocidas y sin embargo cuando intento escribir algo relacionado a la dictadura, tengo la sensación de que no hay palabras. De que nada de lo que diga puede representar el horror que se vivió.

Es que la brutalidad es incomprensible. No se puede simbolizar.
No hay manera de significarlo.

Como será, que cuando sucede algo traumático que supera de algún modo la capacidad del psiquismo para hacerle frente, la cabeza hace lo que puede y a veces, la única salida que encuentra es no recordarlo.

Por eso admiro y me saco el sombrero frente a los que estuvieron ahí y mantuvieron viva la memoria.
Lo mínimo que podemos hacer los que vinimos después es tenerlo PRESENTE.

Nunca más.

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