Yo, que tiempo atrás cuestionaba radicalmente el uso de la IA, asumo que terminé tomándole el gustito. El otro día yendo a hacer alguna de mis consultas, que mantengo en reserva porque es tan íntimo como la ropa interior, recordé lo que podría decir que fue mi conversación más extrema con el chatGPT, que tuvo lugar una noche de verano alrededor de las dos de la mañana.
Resulta que estaba viendo una serie cuando escucho ese sonido tan particular que hacen los gatos cuando activan el modo cazador y en consecuencia, el ladrido posterior de los perros, que sienten que algo tienen que decir al respecto.
Recuerdo prender la luz con miedo, pues nunca se sabe cuál es el plato del día y ver al gato mirando su presa, que tendría el tamaño de un damasco, pongámosle, pero a esa distancia no lograba identificar.
Me acerco un poco y se me ocurre como primer movimiento aprovechar que el gato está inmóvil, para levantarlo y sacarlo de la escena.
Todo esto sin mirar al bicho, que si no se hacía el muerto, lo estaba.
Parece ser una rata: pensé aunque enseguida lo desestimé cuando el gato opuso cierta resistencia y el bicho que efectivamente no era una rata, mostró sus alas y yo no tuve mejor idea que tirarle una frazada encima antes de que saliera volando.
Ese fue el instante en que busque el teléfono y recurrí a la IA.
"Mi gato agarro un murciélago, está vivo, lo tengo debajo de una frazada, que hago?"
Debe haber olfateado mi desesperación porque me dijo que lo primero que debía hacer era recuperar la calma.
Al parecer el gato no habia mordido al murciélago, ni el murciélago al gato, lo que para empezar, alivianaba bastante el panorama.
Resumiendo, me sugirió que guarde a los animales en el baño, apague todas las luces y deje alguna ventana abierta de la habitación para que el murciélago en algun momento se disponga a salir.
Claro, pero la IA no sabe que vivo en una casa que no tiene división entre planta baja y planta alta ni puerta en el cuarto que sirva de muralla entre el bicho y yo.
Bueno, me dice, en ese caso si te animas, con guantes y los pies calzados, calcula más o menos donde está el bulto de la frazada y rápidamente meté un cartón abajo y un balde encima y lo dejas ahí atrapado, así te acostas a dormir tranquila hasta mañana.
Bien.
Tenía cartón, tenía balde, pero no guantes, así que improvise unos que hacían a la situación todavía más extravagante.
Pero la verdad, no estaba nada segura de lo que iba a hacer.
¿Y si mejor empujo la frazada con un secador hasta la ventana?
No, Maga.
No es buena idea.
No lo empujes con el secador, no levantes la frazada, no lo toques, no lo mires a los ojos ni hagas nada que pueda hacerlo sentir amenazado.
Si no te animas a hacer lo del balde y el cartón, es mejor que lo dejes así como está e intentes descansar.
Mientras tanto, lógicamente desde el baño, el gato maullaba como un desquiciado y las perras seguían ladrando por oficio.
En fin, dije; tengo que subir y enfrentar esta situación como sea.
Me armé de toda la artilleria para el operativo recomendado por la inteligencia artificial y por las dudas igual, también agarre el secador.
Pero las cosas se complicaron aun más.
El murciélago ya no estaba debajo de la manta, sino que ahora asomaba medio cuerpo por fuera y ahí estaba, estático, como si lo hubiese agarrado in fraganti.
NO LO MIRES A LOS OJOS, recordé y volví a bajar con todos los bartulos sin haber resuelto absolutamente nada.
Ya bastante sobrepasada por la situación, abrí la puerta, salí al patio y me paré de frente a la casa, con las manos en la cintura, en posición de ver qué carajo hacer.
Ahí me di cuenta que hice exactamente lo mismo cuando la cocina a leña me llenó la casa de humo.
Bueno, dijo la IA esta vez, déjalo así como está, con las luces apagadas y la ventana abierta, arriba, vos quédate abajo y deja una luz prendida cerca.
Él va a salir sólo.
No vuelvas a subir.
Pero tengo que ir a buscar el cargador, IA, tengo poca batería y necesito el despertador.
No Maga, es mejor que lo dejes así.
Lo estás haciendo muy bien.
Si no lo molestas, el murcielago no va a a venir a atacarte.
Quedate tranquila, si mañana sigue ahí llamas a zoonosis para que lo vayan a retirar.
Pero; ¿Cómo hago para dormirme en estas circunstancias? Con los animales en el baño, la luz prendida, sin frazadas, el bicho con libertad para volar por toda la casa.
A esta altura, sepan entender, el agotamiento iba en escalada.
Y en ese estado, el ser humano puede recurrir a las soluciones mas descabelladas.
''Tengo que buscar la manera de impedirle el acceso a la parte de abajo''. Busqué más cartón, algunos troncos de quebracho, levanté los dos colchones que tenía en el sillón cama del comedor y armé una especie de cerramiento de la escalera, que por si no era suficiente reforcé con el peso de las bicicletas. No sólo para que no baje el murciélago, sino para que no suba el gato; que si no lo liberaba del baño, lo último que podía hacer yo era descansar.
Ya entregada a cualquier desenlace, dejé que los animales salieran e inspeccionaran la situación, me hice un té y con la luz prendida, me acosté en lo que quedaba de la cama.
No podía creer el despliegue que había hecho en la casa por un bicho del tamaño de un damasco.
Finalmente a eso de las cuatro y media, me dormí.
Al otro día, levanté la frazada y no había nada.
Al parecer se había ido por la ventana.
La IA tenía razón.

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