Comer con la mano.
Dejarse hacer cosquillas.
Mirar una maratón de películas de Disney. Representar luego la misma con sus juguetes mas adecuados.
Hamacarse.
Disfrazarse.
Incorporar en su discurso, comentarios absurdos, palabras sin sentido o mal expresadas.
Rascarse la cabeza incansablemente.
Jugar al ring raje.
Patear una pelota.
Contar el vuelto con los dedos.
Pedir salchichas con pure en el mejor restaurante.
Tomar coca cola sin gas, preferentemente a temperatura ambiente.
Dejar en el piso todo aquello que usa en el día.
Andar en patineta.
Darse un atracón de caramelos.
Acostarse con un peluche o almohadón que le sirva a usted como objeto transicional.
Dormir hasta el mediodía.
Tragarse un chicle.
Armar animales con chizitos y palitos de queso.
Comerse una paleta.
Si se empalaga antes de su disolución, dejarla descansar en un vaso con agua fría hasta próximo antojo.
Hacer caca con la puerta abierta.
No apriete el botón.
Use poco papel, si es que usa.
Y en lo posible, no lave sus manos.
Armar un rompecabezas.
Saltar la soga.
Jugar al pato ñato.
A la rayuela, a las escondidas.
Al cuarto oscuro.
Llenar la bañadera con agua y jabón y permanecer allí hasta observar las yemas de los dedos arrugadas. Deje a su alcance unos cuantos chiches, recipientes de colores y un burbujero.
Mirar historietas, sin leerlas.
Embarrarse la ropa.
Ponerse de vuelta la ropa embarrada.
Creer en Papa Noel, en los Reyes Magos y en el extraño caso del Ratón Pérez.
En caso de empezar a descreer, hacer un esfuerzo sobrehumano para volver a creer en Papa Noel, en los Reyes Magos y en el extraño caso del Ratón Pérez.
Dispóngase a convencer a los desconfiados.
Usar pijama.
Dejárselo puesto debajo de la ropa de trabajo en días de invierno.
Evitar sonar su nariz. Aun en casos extremos.
Estornudar sin taparse la boca.
Jugar al juego de las sillas, dos veces por cada jornada laboral.
Intercalar con el veo-veo.
Comer la comida pensando en el postre.
Amar la crema del cielo.
Trepar un árbol.
Usar calzado con luces a los costados del mismo.
Reír exageradamente con títeres, payasos, marionetas y mimos. Bien exageradamente.
Hacer un caracol con plastilina.
Pintar con acuarelas.
Morder la punta de lapices y biromes.
Odiar el brócoli, el mondongo, el puchero y la remolacha.
Se sugiere incorporar por día al menos dos de las anteriores indicaciones, intercalándolas con el resto de los hábitos aburridos de su vida adulta.

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