jueves, 31 de enero de 2019

Todas las cosas deben pasar.


"Parece la portada de un album de George Harrison"
me dijo mi amigo cuando abrí la ventana de casa. Se refería al disco "All things must pass". O en criollo, todas las cosas deben pasar.
Ahora, cada vez que abro las ventanas y veo verde, más verde del que alguna vez imaginé; pienso en mi amigo y en George Harrison.
Pero sobre todo y a modo de mantra, pienso en esto de que todas las cosas tienen que pasar. Y lo repito, así al comenzar el dia recuerdo porque estoy donde estoy, aunque me empeñe en darle vueltas a la respuesta y encuentre explicaciones de lo más insólitas para aferrarme a lo que simplemente ya pasó. Todas las cosas pasan.
El amanecer y el ocaso, la luz y la oscuridad, los lazos.
Todo sucede en una determinada porción de tiempo para finalmente darle paso a alguna otra cosa. Lo querramos o no lo querramos.
Es ley. Y es anterior a la ocurrencia de mi amigo, incluso anterior a la obra de George Harrinson.
Por momentos me enojo con esa costumbre mía de quedar prendida a lo que fue, buscando traer de vuelta lo que ya no soy, en un intento de recuperar lo que ya se perdió.
"Aflojale a la nostalgia, que no trae nada nuevo", me digo una y otra vez a ver si por insistencia aprendo. Es que no hay chance de que esa maniobra sea exitosa, por más esfuerzo que a uno le lleve, por más que nos empeñemos en sostener con el peso de todo el cuerpo aquello que decanta solo. Decanta. Es ley.
Las cosas deben pasar.
No hay obstinación que valga para retenerlas.
Entonces vuelvo a mirar para afuera. Como si se tratara de un espectáculo que se ofrece a mis ojos, observo este otro paisaje que viene a recordarme que estoy en algún otro lugar, contemplando la portada de alguna otra etapa de mi vida, viviendo en otra casa, caminando otro barrio, comprando en otros almacenes, tratando con otros vecinos. Y pienso, cuanto significado tendrá el hecho de haberme mudado sobre la calle Libertad.
Podría haber ido a parar a Luro, o a Maipu o a Valencia. Pero no. Fui a parar a libertad.
Porque así como todas las cosas pasan, todas las cosas pasan por algo y traen como corolario, una enseñanza. A mi me encanta captar esos mensajitos del Universo.
Y mientras ando en patas, me preparo el mate, prendo un sahumerio, escucho King of Convenience, riego las plantas y les hablo a las perras, me dan una terribles ganas de escribir. Porque se me ocurre pensar que algo de todo esto que me rodea precisamente tenga que ver conmigo. Y que por más que las cosas pasen de largo y sigan su curso, sea el amanecer o el ocaso, la luz o la oscuridad o los lazos; hay algo de uno que siempre se queda con uno.

Que las cosas pasen.
Vos, no te pierdas por seguirlas.

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