Que cerca que estamos de perdernos a nosotros mismos, al punto que olvidamos por un tiempo los lugares donde hacemos pie. Al punto que a veces tiene que venir otro a recordárnoslo.
Cierto que yo cantaba, cierto que yo solía escribir, cierto que cada tanto se me daba por pintar.
¿Hace cuanto que no te mirás al espejo?
¿Hace cuanto que no te detenés en el modo en que estás mirándote?
Tener el ojo puesto afuera, te corre de eje, te corre de vos.
Preguntate.
¿Que estás haciendo hoy con tu deseo?
¿Que estás haciendo hoy que nada tenga que ver con el deber ser?
Ejercita los músculos de la risa, corta con ese ceño fruncido.
Baila en pelotas antes de meterte a la ducha, escuchate una cumbia en el bondi, pinta un cuadro aunque jamas hayas aprendido a pintar. Hace cosas bizarras. Volvete impredescible.
Desconocete un poco, para volverte a conocer.
Hurga en tus propios recursos, los tenes. Esos que no tardan mucho en devolverte el brillo.
No dejes que la queja le gane a la creatividad, no hagas de tu día que te cueste un huevo y medio levantarte.
Mirá para atrás, si siempre que la viste difícil, caíste bien parado.
No le busques la quinta pata al gato, ni le pidas peras al olmo. No gastes pólvora en chimango, que siempre que llovió, paró. Y todo tiene solución, menos la muerte. Dale lugar a lo que aparece, porque por algo apareció. Y si sucede, conviene. Y si conviene fue porque hiciste que suceda.
Fluí. Soltá. Volá. Viajá.
Sonaran a consejos trillados y lo son. Pero nunca está de más recordarlos, porque a veces se nos nubla la vista y andamos desorientados, transitando los espacios como fantasmas que no dejan rastro. Que no tienen voz ni voto. Porque hace rato que no se miran, que no bailan, que no cantan, ni pintan ni se mantienen de pie.
Es que sucede que estamos cerca de perdernos a nosotros mismos. Al punto que olvidamos por un tiempo los lugares donde hacemos pie. Al punto que a veces tiene que venir otro a recordárnoslo.
Mirate al espejo.
Ahi estás vos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario