Hace un tiempo que volví a jugar al fútbol. Partidos amistosos, generalmente entre mujeres, sin árbitros ni técnicos guiándonos. Como se suele decir; para divertirse, aunque admito que me cuesta bastante perder y a la par disfruto la sensación de darlo todo por alcanzar una victoria, aunque sea del partido más random.
El asunto es que, además de divertirme y evitar la atrofia de mis músculos, como estudiante de psicología que soy; también me encontré analizando las características del juego, particularmente las que refieren a las diferentes posiciones de los jugadores.
Para los que desconocen la materia; cada equipo se compone de determinada cantidad de jugadores, los cuales se ubican en lugares estratégicos de la cancha, segun la función que cumplan. Así, se trate de un equipo de cinco, siete u once jugadores, el mismo consta de un arquero, defensores, laterales, medios y delanteros, que se disputan con el equipo contrario; la pelota y el grito sagrado de gol. Lo que vengo pensando es el porqué de esas posiciones. Porqué hay quien elije atajar, defender y/o atacar. Creo yo, que metaforicamente hablando, uno se para en la cancha, como se para en la vida.
Partamos por ejemplo por los delanteros, que desde la jerga futbolera son los que "suben o se quedan arriba", lo más cerca posible del área contraria; siendo los que más chances tienen de meter un gol. Y ese es el fin último. Que la pelota entre en el arco, como sea.
Los delanteros se alimentan del festejo colectivo, cada vez que la pelota toca la red y el equipo anota un punto. Supongo que quien elige ser delantero, no le gusta ni un poco pasar desapercibido. Le gusta la ovación, el agite, la hinchada, la palmada en la espalda y se mueven con una actitud ofensiva y hambre de triunfo.
El otro día miraba como un nene le pateaba un penal a otro; lo erró; pero cuando se dio vuelta, caminaba duro como Schwarzenegger, con el ceño bien fruncido. ¿Por qué pones esa cara de malo?; le pregunté. Porqué así le doy miedo y lo distraigo, me respondió.
En realidad sospecho que los delanteros en la vida, pese a que parece que se comen el mundo, son los que menos saben como hacerlo.
Sigamos. ¿Por qué alguien elige ser defensor?
En el juego, su objetivo es que los contricantes no entren al área con la pelota en los pies, siendo el peor desenlace para quienes defienden, que la misma entre al arco.
Un buen defensor puede ser un martirio para cualquiera que intente esquivarlo o llevárselo puesto. Quien defiende busca ante todo proteger lo suyo, si es necesario se arma una trinchera delante de todo aquel que se le presenta como una amenaza. Son guardianes de su territorio, no dejan entrar a cualquiera ni tampoco les interesa meterse en los asuntos de los demás.
Sin ningun tipo de evidencia científica, se me ocurre que los defensores en la vida, deben ser introvertidos, reservados, confiables, gente que disfruta el olor del hogar.
Y que decir de los mediocampitas o "los del medio". A veces defienden, a veces atacan, pero no se acercan mucho a los extremos. A paso corto pero preciso; son centrales para el resto de las posiciones, en el doble sentido de la palabra. Quien se para en el medio de una escena, ve lo mismo en proporción de un lado y del otro, siendo este recurso, su mejor táctica. Esto nos lleva a suponer que son personas centradas, reflexivas, que observan todo a su alrededor, antes de mover cualquier ficha del tablero.
¿Y los laterales? Como su nombre lo indica, juegan por los costados, bordean los límites de la cancha con una habilidad admirable para no meterse en el medio. Podria pensarse que un lateral en la vida, o se queda al margen de las circunstancias sin involucrarse demasiado o busca incansablemente el límite como desafío, a riesgo de perderlo todo.
Y por último, el arquero.
El arquero en mi opinión merece especial consideración, porque pese a que indudablemente forma parte de un equipo, su juego es más bien solitario, en el sentido de que es el mayor responsable (sino el único) en evitar que la pelota entre en el arco.
Reconozco que me sorprende la gente que ataja
por elección. ¿A quien corno le gusta recibir pelotazos? Ayer por ejemplo, en un partido mixto fuí al arco cuatro minutos, me metieron un gol y otro no entró porque la atajé con la cara.
El arquero puede ser el héroe del partido, pero ninguna hazaña suya se grita como un gol, que de más está decir que, por la posición que ocupa, es quien menos chance tiene de meter uno. Y encima, si lo recibe en su arco, se fuma la mufa de todo el equipo.
Quien se para en la vida como un arquero, en definitiva tiene unos huevos tremendos, le importa poco lo que digan los demás y desafía con su mirada y el pecho en alto a todo aquel que lo confronte.
Y podríamos seguir.
El árbitro. Apegado a las normas, se rige por lo que dicta la ley y disfruta sentenciando la conducta de los demás. El banco de suplentes, definitivamente se trata de gente que sabe esperar.
En fin. Sin animos de herir susceptibilidades, si llegaste al final de esta especie de horóscopo futbolístico, seas o no seas amante del deporte, quizas sea un buen ejercicio pensar que posición ocuparías si vivieras la vida como si se tratase de un partido de fútbol.
Y aguante el fútbol femenino, carajo.
(Me debo a mi misma el lenguaje inclusivo)
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