El otro día me tropecé con un señor que salía distraído de un edificio, dando pasos hacia atrás. Disculpa, me dijo cuando se dio cuenta que casi me lleva puesta; - ¿sabes que estaba mirando? Lo bien que me habían quedado los vidrios.
El
tipo limpió los vidrios y después se dispuso a contemplarlo como si
se tratara de la culminación de una obra de arte.
Contemplar. Admirar. Valorar. Son
sinónimos que designan una acción que está en riesgo de extinción; ¿Por
qué? Porque el tiempo apremia. Y frenar, en la vorágine en la que vivimos
parece estar mal visto.
Hoy leí que la gripe es un proceso que dura aproximadamente unos siete días, por lo que sería aconsejable que una vez instalada en el cuerpo, cumpla su ciclo de manera natural. Sin embargo, son pocos los que se enferman y siguen tal consejo, porque ante el primer síntoma, la mayoría salimos corriendo a la farmacia, a tapar la enfermedad, a interrumpir su curso con alguna pastilla de rápida acción. Si, a nadie le gusta sentirse mal; el cuerpo por naturaleza rehuye al dolor. Pero hay otro factor; la cabeza, que no nos permite detenernos, aunque sea nuestro cuerpo el que nos está pidiendo por favor un respiro, tan necesario paradojicamente, para nuestra salud mental. Entre el sintoma y la corrida hasta la farmacia, aparece la preocupación, no tanto por lo que nos está pasando en el cuerpo, sino por todo aquello que tenemos que postergar, suspender y/o cancelar, por el hecho de estar enfermos.
El ritmo de vida que nos enferma es el mismo ritmo de vida que no nos permite frenar. ¿Quien se toma siete días para recuperarse de una gripe?.
Ni
siquiera una pandemia nos hizo reflexionar un poco al respecto. Tenemos la
solucion al alcance de la mano, sí. Hay pastillas para el dolor, la
inflamación, la congestión, ¿pero no será porque estamos creando un mundo que
duele, inflama, congestiona?
A
los chicos se los medica porque son hiperactivos, a los grandes para que no
dejemos de funcionar. Y así vivimos; empastillados, exigiéndonos, en piloto
automático, sin parar la maquinaria que creemos, ilusamente, que nos mantiene
en movimiento.
¿Viste
que hay series a las que le perdiste el hilo, no sabes que carajo está pasando,
pero igual,
a
fuerza de inercia, la miras hasta el final?
Bueno,
ahora preguntate si acaso no
estás replicando este mecanismo en la vida misma; y retrocede si es necesario,
volvé a empezar o hace otra cosa que te convoque más, pero pone pausa y
registra que estás haciendo y porque lo estás haciendo.
Y alegrate si un señor te lleva puesto por haberse parado en el medio de la vereda a contemplar su trabajo. Significa que no está todo perdido.
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