martes, 12 de agosto de 2025

QUEMÉ TODO.

Quemé sillas que encontré en la calle que ya habían cumplido su ciclo vital, apuntes de cursos que creía que iba a retomar, quemé libros viejos que había encontrado en una suelta, cancioneros y agendas que vaya a saber por qué guardé.

Quemé las patas de una mesita de mimbre y un baúl que ya cargaba seis mudanzas y sus achaques y quemé también esos pedazos de madera que en cada hogar supieron ser estantes

y barras

y escritorios.

Quemé años de facultad y cuadernos con ideas sueltas que en el mejor de los casos más tarde fueron cuento.

Quemé un mate de madera pintado a mano que me dio pena ver arder, perdón, le dije a quien me lo habia regalado, pero tengo que avivar la llama.

Quemé cartas y fotos y un cuadrito que me gustaba mucho pero una noche helada fue más fuerte.

Quemé la cama también.

Sí, la cama, bah lo que quedaba, la base viste, que fue la de mis viejos cuando se casaron y vaya a saber si también si ahí no me gestaron, la miiisma cama en la que ví esos ojos oscuros por última vez.

Quemé todo.

Quemé recuerdos de personas que ya no están aunque las siga recordando, quemé viejas versiones de mí,

lo que ya no soy,

lo que fue y lo que no espero que vuelva.                             



ALQUIMIA: EL ARTE DE QUEMAR 



















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