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| El protagonista disfrutando de lo que los japoneses llaman Komorebi. |
INTRODUCCIÓN
El presente trabajo responde al requisito final del Curso de Introducción a la Teoría Cognitiva Conductual brindado por el Hospital Moyano en el transcurso del 2025 y a riesgo de convertirse en un ensayo pretende profundizar algunos lineamientos de la Teoría Cognitiva Conductual(TCC) y el mindfulness a través del análisis de la película ‘Días Perfectos’’ de Wim Wenders (2023). La elección de la temática está motivada en primer lugar por un interés personal en dicha práctica como estilo de vida y porque mi labor como psicóloga clínica dentro del contexto sociohistórico en el que estamos inmersos da cuenta del impacto del mismo en los consultantes; asistimos a una época regida por imperativos de hiperproductividad, conectividad digital permanente, multitasking y su consecuente burn out, individualismo y como si esto fuera poco, la inteligencia artificial que va dando pasos agigantados sin medir las consecuencias. En un mundo en el que vivimos corriendo atrás de la zanahoria; me pregunto ¿Cómo podemos hacer para centrarnos en el aquí y ahora? ¿O aún más, es esto posible?
En un intento de arribar a una conclusión que al menos nos deje pensando, es que me propongo analizar la trama de dicha película desde algunos lineamientos de las llamadas “terapias de tercera ola” dentro del enfoque cognitivo-conductual; más precisamente desde el mindfulness como herramienta transversal y la terapia de aceptación y compromiso (ACT); con el objetivo no sólo de abordar diversos aspectos de la teoría que resultan de utilidad en la práctica, sino también a modo de reflexionar acerca de cómo las personas habitamos la cotidianidad, realzando con especial énfasis el valor que tiene el momento presente y la importancia de transitar los procesos a su debido tiempo.
DESARROLLO
Antes de profundizar en la trama de la película es importante precisar algunos conceptos del marco teórico que tomé en consideración para su análisis. En lo que concierne a la teoría cognitiva propiamente dicha desarrollada por Aaron Beck en los años 60 y abocada al tratamiento de la depresión; se toma la descripción de Judith Beck (1995) que siguiendo los pasos de su padre afirma que ‘’el modelo cognitivo propone que todas las perturbaciones psicológicas tienen en común una distorsión del pensamiento, que influye en el estado de ánimo y en la conducta de los pacientes (…) El terapeuta busca, mediante diversos recursos, producir un cambio cognitivo – un cambio en el pensamiento y en el sistema de creencias del paciente – para conseguir, a partir de allí, una transformación duradera de sus emociones y comportamientos’’ (Beck, J. S, 1995).
En el manual citado, que nos brinda una profundización de la teoría ineludible para su práctica, se describen los principios básicos de la terapia cognitiva, destacando que la misma requiere de una sólida alianza terapéutica que enfatice la colaboración mutua y la participación activa; que inicialmente se centra en el presente y está orientada hacia objetivos y problemas determinados, que a fin de cuentas lo que busca es ayudar a los pacientes a identificar y a evaluar sus pensamientos y comportamientos disfuncionales y a actuar en consecuencia.
Es preciso señalar que a medida que el enfoque cognitivo se fue consolidando a base de estudios e investigaciones con evidencia científica, también fue ampliándose al punto de integrarse con los principios del ya fortalecido conductismo, dándole origen a la bien llamada teoría cognitivo conductual que tuvo su auge y consecuente expansión en la década del 70. Siguiendo los lineamientos de diversos autores contemporáneos, ‘’el enfoque cognitivo más puro, se halla orientado al proceso de reestructuración cognitiva, su fin consiste en rediseñar, remodelar, cambiar el sistema de pensamientos, ideas, creencias que presenta el paciente a fin de transformarlas en más racionales, más realistas, más funcionales mientras que el enfoque conductual se fundamenta en la concepción de que el comportamiento en general y los desórdenes emocionales en particular, responden a contingencias ambientales de acuerdo con las leyes del condicionamiento. No obstante los orígenes relativamente independientes de ambas líneas de trabajo, en la actualidad la mayoría de los psicólogos dedicados a la práctica clínica aceptan que la integración de ambos paradigmas conduce a la mayor eficiencia terapéutica” (Minici, A , Dahab, J & Rivadeneira, C, 2003). Tal integración en su finalidad de identificar y modificar patrones de pensamientos disfuncionales promueve la implementación por parte del profesional de técnicas diversas en el marco de un trabajo colaborativo entre terapeuta y consultante que implicará que este último se lleve ‘’tareas para el hogar’’ que refuerzan el proceso terapeutico0; entre estas herramientas se destacan la reestructuración cognitiva, el registro de pensamientos por escrito, el dialogo socrático, la exposición gradual, el modelo ABC; que funciona como una herramienta que ayuda a comprender la relación entre los sucesos, los pensamientos y las emociones, poniendo el acento en la interpretación que hacemos de los eventos.
En consonancia con lo anterior, la evolución de la terapia cognitivo conductual a lo largo de los años da cuenta de una sucesión de periodos denominados primera, segunda y tercera ola, que aunque se delimitan con fines teóricos a fin de cuentas se trata de cómo el modelo va incorporando diversos aportes que responden, para decirlo sencillamente, a los problemas usuales que atraviesan las personas en cada momento sociohistórico.
La primer ola se circunscribe a los años 50 y refiere al auge del conductismo y a la idea de que la psicología debe ser una ciencia objetiva centrada en el estudio del comportamiento observable y medible; la segunda surge en la década del 60 y comprende el periodo descripto con anterioridad en el que se integran los procesos cognitivos al enfoque conductista tradicional. Por último y a los fines de acercarnos al núcleo del trabajo presente, nos centraremos en la tercera ola, la cual surge alrededor de los años 90 y continúa hasta la actualidad y que tiene como referentes a Steven Hayes, Marsha Linehan, Jon Kabat Ziin, entre otros; cada uno de ellos desde un enfoque distinto. Esta tercera ola incluye fundamentalmente a la ACT (terapia de aceptación y compromiso), a la DBT (terapia dialectico conductual), a la MBCT (terapia cognitiva basada en mindfulness), a la FAP (psicoterapia analítica funcional); dándole a este periodo de la TCC también llamado ‘’ola de terapias contextuales’’; una pluralidad de perspectivas teóricas y técnicas que la enriquecen.
Como esencia de las terapias de tercera ola, que pretenden ir un paso más allá de la teoría cognitiva conductual pura, se destacan la aceptación respecto al malestar, la conciencia plena en el momento presente, los valores que motorizan las acciones, las experiencias como fuente de aprendizaje y el contexto; según Hayes (2004), este periodo de la teoría cognitivo conductual se caracteriza por un enfoque contextual, empírico y basado en la experiencia, prestando atención no solo a la forma de los fenómenos psicológicos, sino a su función.
La diferencia sustancial respecto a las olas anteriores se basa en que las terapias contextuales no buscan eliminar ni modificar pensamientos negativos, sino aceptarlos cambiando el modo en que afrontamos las vivencias y entendiendo al sufrimiento como una característica propia de la existencia humana, que no debe evadirse ni negarse. En este marco el mindfulness se presenta como una herramienta que puede utilizarse tanto dentro del proceso terapéutico como en la vida diaria. Si bien hay una terapia que asienta sus bases específicamente en el mindfulness (la ya mencionada MBCT), es considerado un recurso que toman otras terapias de la tercera ola o al menos reconocen el valor de su aplicación como práctica cotidiana, por ejemplo en el simple acto de sentarse a comer prestando atención a los sabores, las texturas, el aroma.
El mindfulness tiene su origen en el budismo Theravada, una doctrina filosófica fundada por el buda Sidharta Gautama, aunque en Occidente se populariza en el 70 a partir de los aportes de Jon Kabat – Zinn, quien la define como “la conciencia que surge de prestar atención, de forma intencional (voluntaria), a la experiencia tal y como es en el momento presente, sin juzgarla y sin reaccionar a ella.” (Rodríguez, J.R, 2018)
El mindfulness como práctica de la atención plena tiene su anclaje en el presente y busca justamente eso: aprender a estar en el aquí y ahora en una actitud voluntaria de no juzgar. El fin de esta práctica es aquietar la mente, lo cual requiere de algún modo salirse del piloto automático, promoviendo también un seguimiento consciente de la respiración y de las sensaciones corporales. ‘Kabat- Zinn propone siete actitudes que constituyen los principales soportes de la práctica del Mindfulness: no juzgar, la paciencia, la mentalidad de principiante, la confianza, el no esforzarse, la aceptación y el ceder. Estas actitudes son interdependientes, cada una influye en las demás y cultivar alguna mejora a las otras. Otras actitudes, tales como la generosidad, la gratitud, el dominio de uno mismo, el perdón, la amabilidad, la compasión, la ecuanimidad, etc. se desarrollan mediante el cultivo de aquellas siete actitudes fundamentales’’. (Rodríguez, J.R, 2018)
De algún modo podría decirse que más allá de la técnica; el mindfulness es un estilo de vida, un modo de habitar lo cotidiano y de afrontar las experiencias que atravesamos.
Ahora bien; ¿Qué aspectos de la película ‘’Días perfectos’’ remite a esta práctica?
En primer lugar la trama ofrece una representación no sólo de los principios centrales del mindfulness sino también de otras teorías de la TCC, fundamentalmente de la tercera ola. El protagonista llamado Hirayama transita una rutina simple —trabaja limpiando baños públicos, pasa mucho tiempo en soledad, cuida con dedicación sus plantas, lee novelas antes de disponerse a dormir, escucha casetes mientras conduce; cada una de las acciones que realiza, las lleva adelante de un modo apacible y con una actitud de plena atención al momento presente. Esta forma de habitar su cotidianeidad refleja la práctica del mindfulness en la vida cotidiana, que propone estar presentes en la experiencia tal como es, incluso en su aparente monotonía.
Por otro lado y como dato de color, no es casualidad que el protagonista sea coreano y que la historia transcurra en Tokio, pese a que su director sea alemán; dado que la filosofía oriental tiene mucho que enseñarnos al respecto. La película puede interpretarse también como una representación del concepto japonés de ikigai, que se emparenta con los cimientos del mindfulness. Ikigai, entendido este como el sentido o propósito cotidiano, refiere a “estar inmerso en el momento presente y obtener placer de ello, prestando atención al mismo tiempo al más mínimo detalle es la esencia del arte de la ceremonia del té’(Mogi, K, 2017).
El protagonista encuentra valor en pequeñas acciones realizadas con presencia plena. Vemos a Hirayama detenerse y contemplar el cielo cada día que sale de su casa para ir a trabajar. Nos muestra también su afición diaria por sacar fotos al sol filtrándose entre las hojas de los árboles con una cámara analógica, aun en una época en la que los dispositivos móviles parecen haber derribado todo lo anterior.
En efecto, la película nos convierte en testigos de su día a día y es eso quizás lo más interesante que ofrece; porque en la trama el protagonista no hace absolutamente nada para sorprendernos ni para ganar audiencia ni para ser reconocido por sus acciones; hasta diría no hace absolutamente nada como para convencerlo a uno de que se quede sentado hasta el final; más bien continúa su rutina como si no hubiera nadie mirándolo.
Viéndolo de este modo, podría decirse que la trama no sólo representa la esencia del mindfulness, sino también que el ritmo sosegado de la película conduce al espectador a un estado de atención plena a lo que está observando. “Días Perfectos” promueve esa misma actitud de observación y presencia en el aquí y ahora.
A su vez, las acciones diarias de Himaraya parecen estar motorizadas por la simpleza, la gratitud, la aceptación, la humildad; valores que se alinean con los principios de la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) que tiene su basamento en la premisa de vivir con sentido más allá del malestar y sobre la base de los valores personales.
El protagonista no busca huir de su realidad ni transformarla, sino habitarla plenamente. Puede interpretarse que el personaje no se deja llevar por pensamientos automáticos disfuncionales ni por expectativas externas y se conecta con pequeñas fuentes de bienestar. En este sentido podríamos pensar que si el personaje se viera afectado y/o condicionado por pensamientos negativos, distorsiones cognitivas o vivencias del pasado, incluso arriesgar que sí Himaraya comenzara un proceso terapéutico desde la TCC pura; el objetivo de esta sería intentar modificar tales pensamientos, reemplazándolos por otros más funcionales, dándole a su rutina y por ende a la trama, un giro radical, que cambiaría por completo
la enseñanza que pretende dejar y que hoy nos permite pensar que hay otras maneras de transitar el día a día.
CONCLUSION
Entonces, a los fines de dar un cierre abierto a la reflexión, retomamos el interrogante inicial; ¿Cómo podemos hacer para centrarnos en el aquí y ahora?
Siendo profesional de la salud mental y yendo más allá de las subjetividades, observo un común denominador en las consultas; un malestar en lo diario que se repite una y otra vez en el discurso; que me lleva a pensar que sea por las experiencias en sí mismas o por el modo en que las interpretamos, en líneas generales ‘’vivimos mal’’, quiero decir con esto que cotidianamente lidiamos con situaciones, emociones y pensamientos que nos mantienen en un constante estado de tensión, de inquietud, de incertidumbre, de querer estar un paso más allá de donde estamos, para que ya no duela, para saber que va a suceder. Y los síntomas de ansiedad y depresión, los ataques de pánico, el síndrome del burn out, la fobia social, entre muchos otros indicadores y/o diagnósticos que no cesan sino que aumentan, lo evidencia. Vivimos exigiéndonos, siguiendo imperativos; si miras para los costados los que no están corriendo detrás de algo que se presenta de repente como un acto impostergable, están absortos en las pantallas de sus celulares, al punto de que ya se predice que el cuerpo humano va camino a encorvarse.
Vivimos la mayor parte del tiempo ignorando el hecho de que hoy, estamos.
Lo damos por sentado, como si fuéramos infinitos.
Y algo de esto nos viene a enseñar la película en cuestión. Nos viene a recordar lo importante de estar presentes, de permitirse una pausa para conectar con los sentidos, de dejarse conmover por lo que está. Está bien, es ficción. Pero una ficción que transmite muy bien el concepto de vivir una vida ‘’minimalista’’, en la que menos es más y en la que la simpleza de las cosas es invaluable; de ahí quizás el nombre; ‘’Días perfectos’’. Días perfectos pueden ser todos los días si simplemente los vivimos. Sin embargo y sin por eso negar sus beneficios; el mundo digital o aún más, las redes sociales; no parecen estar colaborando. En un sistema que prioriza la productividad por encima de todo y que nos vende la idea de que el éxito y la felicidad se miden por la cantidad de seguidores y de likes; ¿Cuánto del momento presente se nos esfuma en una publicación? ¿Cuánto de lo que hacemos y posteamos queda supeditado a la reacción u aprobación de los demás? ¿Se dan cuenta porqué es más valioso vivir el instante que publicar la foto?
Vivir el presente es lo más parecido en mi experiencia a estar de viaje. Será que cuando viajamos, ponemos en marcha todos los sentidos al servicio de la exploración. Estamos ahí. Somos conscientes de nuestra existencia y de lo que nos rodea. Nos dejamos sorprender por lo que acontece, nos detenemos en detalles que probablemente inmersos en la rutina y al ritmo que vivimos, ignoramos por completo.
Por eso, por lo valioso que me parece la experiencia de detenerse y siempre que las circunstancias subjetivas lo permitan, es que invito a mis pacientes a frenar, a darse un respiro, un gusto, un momento; a los matices, al silencio, a conocerse, a escribir, a estar un rato en contacto con la naturaleza, a admirar, a contemplar lo que hay alrededor, a intentar al menos por un momento la aceptación de las cosas tal como son o se presentan.
Porque sé que es un desafío para muchos, pero confió que podemos vivir mejor.
Es este el horizonte en mi práctica. Una mejor calidad de vida en lo cotidiano.
Y más allá del marco teórico, de la rigidez o flexibilidad que tengamos los psicólogos respecto a las técnicas que implementamos, hay algo de la esencia del mindfulness y del ACT que no se puede negar. La aceptación de la finitud del tiempo.
Hoy estamos acá.
Entonces; ¿Es posible vivir en el aquí y ahora?
Fácil no es, pero hagamos el intento, un día a la vez.
BIBLIOGRAFIA
Beck, J. S. (1995). Terapia cognitiva: Teoría, práctica y aplicaciones. Ediciones Paidós.
Hayes, S. C. (2004). Acceptance and Commitment Therapy, Relational Frame Theory, and the third wave of behavior therapy [Terapia de aceptación y compromiso, teoría del marco relacional y la tercera ola de la terapia de conducta].
Minici, A., Dahab, J., & Rivadeneira, C (2003). Por qué terapia cognitivo conductual. Revista de Terapia Cognitivo Conductual, (4). Recuperado de http://revista.cognitivoconductual.org/
Mogi, K. (2017). Ikigai esencial: La sabiduría milenaria japonesa que dará sentido a cada día de tu vida (P. Vicens, Trad.). Lectulandia. (Trabajo original publicado en 2017 como The Little Book of Ikigai)
Rodríguez, J.R. (2018). Cuadernillo de Introducción al mindfulness. Hospital General de Agudos Argerich.
Wenders, W. (Director). (2023). Días perfectos [Película]. Japón, Alemania.


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