Hay dos premisas que tengo presentes cuando entro a rumear sobre algún asunto.
La primera me dice que "todo está en mi cabeza" o como lo dijo algún filósofo de una manera más elaborada; cada sujeto es artífice de su propia realidad. Muchas veces son pensamientos y no hechos los que nos causan malestar y es en la raíz de los primeros donde hay que hurgar. Hay laberintos de los que no salimos por creer erróneamente que el enemigo nos espera afuera. Por eso es importante volver el eje siempre hacia dentro, dejar de pensar que las cosas nos pasan como si no tuviesemos ninguna participación al respecto y empezar a pensar porqué nos pasan.
Ese es el carozo del asunto, diría el Indio.
Al hacernos cargo de la pregunta, es más factible que aparezcan las respuestas.
La segunda va de la mano y dice así: "a nadie le interesa tanto lo que haga o deje de hacer más que a mi misma". Así me dijo un amigo una vez y aunque fue duro de escuchar, finalmente resultó ser liberador. En el buen sentido de la expresión, significa algo así como que nadie está pendiente de mi vida, simplemente porque están o deberían estar ocupados con las suyas. Me arriesgo a decir que en una buena porción de las cosas que haces o las decisiones que tomas, el mayor implicado, sea para bien o para mal, sos vos. Si lo pensamos de esa manera, si cambiamos el foco, nos sacamos de encima la presión de la mirada ajena. Qué mejor. A veces nuestras decisiones se ven condicionadas por el que dirán, cuando es probable que los demás no digan nada que afecte de manera substancial a esa decisión que estamos pateando, por el simple hecho de que no les incumbe tanto como le incumbe a cada uno su propia existencia.
Vivimos en un mundo de redes que parece que nos conecta con los demás pero la realidad es que estamos cada vez más ensimismados. Cada uno está en su mambo, enfrascado "en una" como se dice hoy. Por lo que otra vez, lo más sensato es volver a centrarse en uno mismo, preguntándonos porque estamos más pendientes del juicio de los demás que del juicio propio.
Entonces, cuando ya siento que le estoy dando mucha vuelta a una situación, tengo a mano estas dos frasecitas; que todo está en mi cabeza, los problemas pero también las soluciones y que a nadie le concierne tanto lo que hago o dejo de hacer,
más que a mi misma.
Así.
Cortito y al pie las repito como mantra.
Después ya me siento mucho más liviana.
Espero les sirvan también estas premisas.
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