El otro día una paciente me contó de una amiga psicóloga que estaba atravesando una depresión y yo atenta a que no se me filtrara lo personal, le dije que su escucha o un simple abrazo podía ser un gran sostén para esa amiga, porque, antes que profesionales, somos seres humanos.
Existe cierta fantasía social de que el psicólogo/a sabe cómo arreglárselas solo, algo así como ser su propio terapeuta, como el arquitecto que construye su propia casa. Sin embargo, en el terreno de las emociones y más aun de las propias, no alcanza con saber el ‘’cómo’’. Ni tampoco tiene por qué alcanzar. A veces los psicólogos, más allá de nuestro espacio terapéutico personal e ineludible, también necesitamos que nos escuchen, que validen eso que nos duele, nos enoja o nos genera malestar, que el otro pueda permanecer un rato en la incomodidad de no tener respuestas.
No hace falta teoría para acompañar a un psicólogo/a que está atravesando un momento difícil. Un simple ‘’Te entiendo’’ muchas veces puede resultar profundamente reparador.
Y justamente, porque día a día, estemos como estemos por dentro, ponemos el cuerpo y la mente en modo alojamiento, al servicio de quienes nos confían su padecer; sostener esa tarea muchas veces requiere un esfuerzo extra cuando atravesamos situaciones adversas en lo personal.
Los psicólogos/as no estamos inmunizados frente al dolor. Atravesamos pérdidas, duelos, desamores, desilusiones, deudas, preocupaciones. La diferencia es que no corresponde descargarlas en nuestra jornada laboral y asumimos esa abstinencia con gran compromiso ético, dejando lo propio por fuera del tablero.
Por eso, también por el cuidado de nuestros pacientes, qué importante es saber que una vez que salimos del consultorio, tenemos donde descansar un poco cuando las cosas se ponen difíciles.
Un recordatorio para todos aquellos que conozcan a un psicólogo/a o para los mismos psicólogos/as que por momentos también nos creemos ese cuento de que podemos solos.
No.
No podemos ni debemos.
Detrás del rol profesional, hay una persona que también necesita un abrazo.
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