lunes, 2 de mayo de 2016

Día del trabajador.


Ciudad de Mar del Plata.

Colectivo, línea 543. 1 de mayo de 2016.

Una mujer, absorta en sus pensamientos, observa desde la ventanilla, las calles desoladas de un feriado frío que le ofrece el recorrido hasta el centro de la ciudad. Es la única pasajera de un colectivo conducido por un chófer desganado, que querría también gozar de ese día que parece gozar el común denominador de la clase media.
Pocos minutos después de su ascenso, sube un hombre, vestido con formalidad, quizás desmesuradamente formal para la ocasión. Paga su boleto y se sienta al lado de aquella mujer, quien lo mira sorprendida, al notar el resto de los asientos vacíos.
Feliz día, le dice el hombre, mientras se acomoda en el asiento.
Ella, no muy convencida de hacerlo, le devuelve el deseo de felicidad.
Feliz día.
El hombre agradece complacido, el retorno de su gesto. Sonríe como si nunca hubiese recibido un feliz día. Y no duda en preguntarle a la mujer, si acaso se dirige a trabajar.
Ella responde que no. Que el día del trabajador, no se trabaja.
El reafirma su certeza y pretende saber un poco más. Dónde trabaja, le dice con signos de interrogación.
- Soy contadora.
- Aja. ¿Y le gusta?.
- No puedo quejarme. No gano mal. Y el estudio es de papá, lo cual tiene sus ventajas.
- ¿Y es feliz?
- ¿Con el trabajo, dice usted?
- Sí, me refiero… ¿es lo que quería ser, contadora?
La mujer responde a desgana. Aunque el interrogatorio del desconocido, en algún punto la moviliza.
- Si, o no. No sé. Me gusta el trabajo, quizás me hubiese gustado dedicarme a la fotografía o estudiar diseño pero mi viejo tenía el estudio, siempre estuvimos bien económicamente, me sugirió que siguiera ese camino y aquí estoy.
- Entiendo, entiendo. Es difícil vivir de lo que a uno le gusta.
- Es complicado, sí.
La mujer advierte enseguida el apetito de conversación del hombre. Parece inofensivo, hasta diría que un poco la apena. Hay algo en su mirada, en la curiosidad de sus preguntas, en su aspecto, hay algo en él, que a ella la conmueve, aun siendo un extraño.
- Usted que hace; le pregunta ahora ella a él, como si no tuviese otra opción.
- Y, mire. Cómo le explico…Mi trabajo es complejo. Muchas horas, arranco bien temprano, no me permite frenar siquiera para almorzar. Ando mucho en la calle, de acá para allá. Voy a agencias, locales de venta, domicilios particulares, incluso algunos consultorios médicos.
Es a-go-ta-dor.
- Ya lo creo.
Él es agotador. Habla rápido, es verborrágico. Qué cansado se lo ve y eso que es feriado, piensa ella sin manifestárselo.
El hombre sigue con su discurso, pareciera no necesitar un interlocutor para su continuación.
- Si, trato de tomármelo con calma para no enfermar. Pero vivo presionado, requiere estar siempre actualizado, ¿entiende? Capacitaciones de todo tipo, formación de esto, de aquello. Entrevistas, reuniones, chequeos. Mucho papeleo.
Hablar, hablar con gerentes, jefes, encargados. Empresas grandes, eh. Algunas no tanto, pero no desestimo ninguna. Donde vaya pongo lo mejor de mí. Soy un tipo comprometido, emprendedor.
Me gustan los desafíos, soy muy flexible a los cambios.
Soy sociable, creativo, buen intermediario. Pero por momentos es agobiante. Es negociar constantemente, si bien soy independiente, mi laburo depende de la predisposición de los demás. ¿Vio? Y a veces no es tan sencillo persuadir al otro. Y mire que soy hábil eh, pero la situación está difícil. El país está difícil.

Hace una pausa. Y sigue.

Es así. Hay días que estoy rendido, pongo cara de naipe, mi mejor traje, aprieto fuerte el nudo de la corbata para que apretuje la conciencia y salgo sin planteármelo demasiado.

- Bueno, en vacaciones se hará un lindo viajecito imagino.
Ella quedó extenuada con su relato. Y pese a su descripción detallada, aun no descifra en qué consiste el empleo de aquel personaje charlatán.
- Bien quisiera. Pero no tengo vacaciones pagas. Hace rato que no disfruto unos buenos días de descanso. En realidad, si quisiera tener unos días libres po…
Ella lo interrumpe.
- Disculpe, mi parada es la próxima.
- Ah vaya, vaya entonces. Un gusto conversar con usted y disfrute su día.
- Espero pueda usted tomarse pronto unas vacaciones. Disfrute también, aquí bajo; le dice ella señalándole la puerta trasera del colectivo.


La mujer toca el botón para descender, pero no se permite la duda. Se vuelve hacia él, sin escrúpulos, como él se mantuvo en todo su despliegue.
- Disculpe mi insistencia, pero no termino de comprenderlo. ¿De que trabaja precisamente?
- Soy un desempleado, señora. Mi trabajo consiste precisamente, en conseguir uno.

 

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