Mi nombre es Ana. Ana Godoy.
Tengo catorce años y un secreto enorme, que ya se me empieza a notar. Sobre todo, cuando en casa me preguntan en que estoy pensando todo el día.
Mi abuela Tete siempre se da cuenta cuando me pasa algo. Y siempre que se da cuenta, me dice que cuando me pasa algo, que creo que es importante, sea que me pone contenta o me pone triste, tengo que hablarlo. Y que, si no sé con quien hablarlo, puedo escribirlo. Aunque no se lo muestre a nadie. Dice que es terapéutico, o algo así. No sé, porque a esa altura, ella sigue hablando y yo estoy pensando qué sentido tiene escribir algo que no se le muestre a nadie. Ella porque es psicóloga y se la pasa escribiendo. Una vez gano un premio por un libro que escribió y nos fuimos en avión a Buenos Aires, porque parece que además de una medalla, ganó plata y ella quiso invitarnos el viaje a todos para que podamos acompañarla. A todos eh. A papá, a mamá, a mí y a Iván, mi hermano menor. Lo aclaro, por si esto llega a manos de alguien que no conoce la familia.
Yo, no creo que gane ni plata ni una medalla contando mi secreto en un papel, pero esto que me pasa, creo que es importante y quizás la abuela tenga razón.
Lo que a mí me pasa es que estoy enamorada. Pero no enamorada de Tomas, ni de Pedro, ni mucho menos del pesado de Federico, que se la pasa mirándome fijo desde su banco. Lo que a mí me pasa y acá viene lo importante, es que estoy enamorada de mi amiga Noelia.
La conozco desde cuarto grado, cuando entre a la nº 12. Siempre fue mi más mejor amiga, así decíamos con ella, porque queríamos hacer todo juntas. Pero ahora no es lo mismo. No se explicar bien porque, pero no es lo mismo. Sigue siendo mi amiga, pero me la paso todo el día pensando en ella, igual que mis amigas dicen que piensan en los varones. Me gustan sus rulos, su cara de dormida siempre que llega tarde, me gusta que cuando se ríe, contagia a todo el mundo. Además, canta y toca la guitarra y escucha a los Beatles, como papa y como yo. Cuando me acuesto pienso en ella y en la escuela, sonrío cuando la veo llegar.
No sé si esto es amor, pero sí sé que no me pasó nunca.
Estoy segura que a ella le gusta Pedro, porque le festeja todos los chistes, aunque no tenga ni un pelo de gracioso. Las chicas se la pasan hablando de los chicos. Meli, Paula y Anabel ya tuvieron novio. Y Sabrina en cualquier momento empieza a salir con Santi. A mí me preguntan todo el tiempo quien me gusta, porque mientras ellas hablan y ríen nerviosas, yo me quedo callada, pensando que todo esto que ellas cuentan, a mí me pasa con Noelia, aunque ella claramente no lo sabe. Dicen que soy rara, porque yo siempre les respondo que no me gusta nadie. Y dicen que soy rara también, porque no quiero festejar los quince ni ponerme vestido, tampoco me gusta pintarme las uñas y puedo dormirme sin problema en un cumpleaños.
A veces esto me molesta, me da miedo. Y hago fuerza mentalmente para que me guste algún chico. Así, dejo de pensar en Noelia y así, dejan de pensar que soy rara. Hasta que me acuerdo de la cara del nabo de Federico mirándome con ganas, los mocos colgando de Nahuel o los chistes sin gracia de Pedro. Que encima solo le divierten a Noelia.
El asunto es que yo misma me pregunto si esto que me pasa, me pasa solo a mi. Al menos parece que hasta el momento, soy la única en el segundo año del turno mañana de la nº 12. Pero por suerte, creo que también le pasa a mi tío Fernando. Porque en cada reunión familiar, el siempre aparece con Lucas. Dice que es el amigo, pero papa y mama están convencidos que de amigo no tiene nada. Que por eso nunca aparece con una novia, que por eso Fernando nunca cuenta nada de su vida. Y no sé qué más, porque empiezan a hablar bajito, como si yo viviera colgada de una palmera como Iván o no entendiera el lenguaje por señas.
Lo que más me preocupa en todo este lío en que me metí, no es que Noelia lo sepa. “Para eso hay tiempo”, diría Tete, como repite cada vez que le pregunto por cosas que todavía no pasaron.
Lo que más me preocupa en realidad, es que pensará mamá. Que dirán papá y Tete, cuando se enteren. Y la cara de Iván, cuando le cuenten. Siempre imagino que lo mejor sería que se dieran cuenta solos. Que yo no tenga que ir a contárselo, porque ni se me ocurre como. Pienso entonces formas en que podrían descubrirlo casi de casualidad, dejando alguna evidencia en la mochila, en la compu o en el celular, que aunque no lo admite, sé que mama cada tanto lo revisa. Así estoy todo el día. Pensando y pensando. En Noelia. En mi, en si soy o no soy rara. En mamá, en papá, en Iván. En Tete. En las chicas. En Fernando. En la escuela. En lo que podría pasar en unos años si esto me sigue pasando. En novelas y películas, donde a veces las chicas se besan. En cosas absurdas, como que cada granito que me sale en la cara, es un día más que guardo este secreto, a punto de explotar.
Si me preguntan que es lo que más me gustaría en este momento, diría, que todo fuese más fácil. Me encantaría poder decirle a mamá en qué estoy pensando todo el día, que mientras cocina o se prepara para ir a trabajar, me pregunte cómo me siento... si me gusta algún chico o alguna chica. Y yo contestarle sin ponerme nerviosa, que estoy enamorada de Noelia. De sus rulos, de su risa y sus canciones. Me gustaría que mamá sonría, me abrace fuerte, me diga que está bárbaro lo que me pasa y qué, no importa quien me guste, ella siempre me querrá. Seguramente diría también que ya se había dado cuenta. Las madres siempre se dan cuenta de todo. Sólo que a veces, nos avisan tarde.
Ese era mi secreto. Ahora que lo conté, ya no parece tan enorme.
Creo que al final la abuela tenía razón, escribir es terapéutico.
* En apoyo a la Ley 26150, que establece que todos los educandos tienen derecho a recibir educación sexual integral en los establecimientos educativos públicos, de gestión estatal y privada de las jurisdicciones nacional, provincial, de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y municipal.
Tengo catorce años y un secreto enorme, que ya se me empieza a notar. Sobre todo, cuando en casa me preguntan en que estoy pensando todo el día.
Mi abuela Tete siempre se da cuenta cuando me pasa algo. Y siempre que se da cuenta, me dice que cuando me pasa algo, que creo que es importante, sea que me pone contenta o me pone triste, tengo que hablarlo. Y que, si no sé con quien hablarlo, puedo escribirlo. Aunque no se lo muestre a nadie. Dice que es terapéutico, o algo así. No sé, porque a esa altura, ella sigue hablando y yo estoy pensando qué sentido tiene escribir algo que no se le muestre a nadie. Ella porque es psicóloga y se la pasa escribiendo. Una vez gano un premio por un libro que escribió y nos fuimos en avión a Buenos Aires, porque parece que además de una medalla, ganó plata y ella quiso invitarnos el viaje a todos para que podamos acompañarla. A todos eh. A papá, a mamá, a mí y a Iván, mi hermano menor. Lo aclaro, por si esto llega a manos de alguien que no conoce la familia.
Yo, no creo que gane ni plata ni una medalla contando mi secreto en un papel, pero esto que me pasa, creo que es importante y quizás la abuela tenga razón.
Lo que a mí me pasa es que estoy enamorada. Pero no enamorada de Tomas, ni de Pedro, ni mucho menos del pesado de Federico, que se la pasa mirándome fijo desde su banco. Lo que a mí me pasa y acá viene lo importante, es que estoy enamorada de mi amiga Noelia.
La conozco desde cuarto grado, cuando entre a la nº 12. Siempre fue mi más mejor amiga, así decíamos con ella, porque queríamos hacer todo juntas. Pero ahora no es lo mismo. No se explicar bien porque, pero no es lo mismo. Sigue siendo mi amiga, pero me la paso todo el día pensando en ella, igual que mis amigas dicen que piensan en los varones. Me gustan sus rulos, su cara de dormida siempre que llega tarde, me gusta que cuando se ríe, contagia a todo el mundo. Además, canta y toca la guitarra y escucha a los Beatles, como papa y como yo. Cuando me acuesto pienso en ella y en la escuela, sonrío cuando la veo llegar.
No sé si esto es amor, pero sí sé que no me pasó nunca.
Estoy segura que a ella le gusta Pedro, porque le festeja todos los chistes, aunque no tenga ni un pelo de gracioso. Las chicas se la pasan hablando de los chicos. Meli, Paula y Anabel ya tuvieron novio. Y Sabrina en cualquier momento empieza a salir con Santi. A mí me preguntan todo el tiempo quien me gusta, porque mientras ellas hablan y ríen nerviosas, yo me quedo callada, pensando que todo esto que ellas cuentan, a mí me pasa con Noelia, aunque ella claramente no lo sabe. Dicen que soy rara, porque yo siempre les respondo que no me gusta nadie. Y dicen que soy rara también, porque no quiero festejar los quince ni ponerme vestido, tampoco me gusta pintarme las uñas y puedo dormirme sin problema en un cumpleaños.
A veces esto me molesta, me da miedo. Y hago fuerza mentalmente para que me guste algún chico. Así, dejo de pensar en Noelia y así, dejan de pensar que soy rara. Hasta que me acuerdo de la cara del nabo de Federico mirándome con ganas, los mocos colgando de Nahuel o los chistes sin gracia de Pedro. Que encima solo le divierten a Noelia.
El asunto es que yo misma me pregunto si esto que me pasa, me pasa solo a mi. Al menos parece que hasta el momento, soy la única en el segundo año del turno mañana de la nº 12. Pero por suerte, creo que también le pasa a mi tío Fernando. Porque en cada reunión familiar, el siempre aparece con Lucas. Dice que es el amigo, pero papa y mama están convencidos que de amigo no tiene nada. Que por eso nunca aparece con una novia, que por eso Fernando nunca cuenta nada de su vida. Y no sé qué más, porque empiezan a hablar bajito, como si yo viviera colgada de una palmera como Iván o no entendiera el lenguaje por señas.
Lo que más me preocupa en todo este lío en que me metí, no es que Noelia lo sepa. “Para eso hay tiempo”, diría Tete, como repite cada vez que le pregunto por cosas que todavía no pasaron.
Lo que más me preocupa en realidad, es que pensará mamá. Que dirán papá y Tete, cuando se enteren. Y la cara de Iván, cuando le cuenten. Siempre imagino que lo mejor sería que se dieran cuenta solos. Que yo no tenga que ir a contárselo, porque ni se me ocurre como. Pienso entonces formas en que podrían descubrirlo casi de casualidad, dejando alguna evidencia en la mochila, en la compu o en el celular, que aunque no lo admite, sé que mama cada tanto lo revisa. Así estoy todo el día. Pensando y pensando. En Noelia. En mi, en si soy o no soy rara. En mamá, en papá, en Iván. En Tete. En las chicas. En Fernando. En la escuela. En lo que podría pasar en unos años si esto me sigue pasando. En novelas y películas, donde a veces las chicas se besan. En cosas absurdas, como que cada granito que me sale en la cara, es un día más que guardo este secreto, a punto de explotar.
Si me preguntan que es lo que más me gustaría en este momento, diría, que todo fuese más fácil. Me encantaría poder decirle a mamá en qué estoy pensando todo el día, que mientras cocina o se prepara para ir a trabajar, me pregunte cómo me siento... si me gusta algún chico o alguna chica. Y yo contestarle sin ponerme nerviosa, que estoy enamorada de Noelia. De sus rulos, de su risa y sus canciones. Me gustaría que mamá sonría, me abrace fuerte, me diga que está bárbaro lo que me pasa y qué, no importa quien me guste, ella siempre me querrá. Seguramente diría también que ya se había dado cuenta. Las madres siempre se dan cuenta de todo. Sólo que a veces, nos avisan tarde.
Ese era mi secreto. Ahora que lo conté, ya no parece tan enorme.
Creo que al final la abuela tenía razón, escribir es terapéutico.
* En apoyo a la Ley 26150, que establece que todos los educandos tienen derecho a recibir educación sexual integral en los establecimientos educativos públicos, de gestión estatal y privada de las jurisdicciones nacional, provincial, de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y municipal.

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