martes, 10 de julio de 2018

Que no te vendan un modo de amar.





“Uno ingresa en un dispositivo previo que va construyendo las formas de amar (...) Todos estamos repitiendo la historia de Adán y Eva, de Romeo y Julieta, de Quijote y Dulcinea. Ya con esas tres cagaste; tenemos sociedad patriarcal, amor trágico, muerte absurda y construcción idealizada de un otro imposible”. 

Que grande Darío Sztajnszrajber. 

Su relato sigue, recomiendo que lo escuchen porque no tiene desperdicio. Yo escuché esto que parafraseo, que fue algo así como la introducción de una cachetada, de esas que te dejan recalculando. 

Y sí. Y claro. Estamos acostumbrados a pensar el amor romántico en un solo formato. 
El que nos venden las películas; el amor monogámico, de pareja, de dos personas que se conocen, se enamoran, conviven y proyectan. Que ahorran para comprarse una casa, que tienen hijos, mascotas y que cada tanto planean un viaje para romper la rutina que los aplasta. Hasta que la muerte los separe. 

Y qué alegría, me doy cuenta que puedo decir dos personas y que esto no quede reducido a un hombre y una mujer; que alegría, porque esto sucede en tanto y en cuanto ciertos esquemas se rompen y es así como, con mucha lucha, el amor ya está dejando de ser solo heterosexual, admitiéndose muchas otras expresiones posibles. Es que el amor nunca fue solo heterosexual, fuimos nosotros como sociedad, que internalizamos que esa era la única versión aceptable en que podíamos hablar de amor. En nombre de la reproducción de la especie, la genitalidad, la Iglesia y el espíritu santo; ¿Qué carajo tiene esto que ver con el amor? 

Habrá quien todavía regañe, quien proteste y descrea, pero tendrá que hacerlo en silencio, porque de a poco somos mayoría los que pensamos que el amor va más allá del sexo y más allá del género. “El mundo se volvió gay”, diría Homero Simpson hace un centenar de capítulos, quizás a modo de vaticinio de la sociedad venidera. Más bien diría que el mundo se está volviendo pansexual, convirtiéndose la heteronorma en una expresión más. Hace poco un docente profesó sabiamente “Llegará el día en que se escuche decir “yo tengo un amigo/a heterosexual” y habrá más de uno que se asombre. Y esto lo logramos nosotros, deconstruyendo, rompiendo esquemas, ablandándonos, aceptando lo disidente. No digo por suerte, digo por evolución. 

Falta bocha igual. 

Es un trabajo de hormiga. Porque, aunque podamos pansexualizarnos, el amor como norma, se sigue pensando entre dos, porque tenemos bien arraigada la idea de que, si amamos a un otro, entonces no debiéramos sentirnos atraídos sexualmente por un tercero. O si, quizás se asuma que hay un tercero que nos mueve la estantería, pero no podemos hacer nada con eso, porque no debemos, porque no está bien visto, porque entonces la pareja se desarma, porque si estas mirando por fuera, enseguida se piensa que hay algo dentro del vínculo que no está funcionando. Y vienen las crisis, los trapitos al sol, las escenas de celos, la terapia. Y la fidelidad entonces termina por confundir al amor con posesión. Y la pareja se desgasta o se sostiene bajo la premisa de que hay que esforzarse duramente si lo que se pretende es preservarla. ¿Qué carajo tiene esto que ver con el amor? 

Hoy es frecuente al menos que, ante el golpe en seco de la monotonía, dos que se aman se permitan fantasear con abrir la pareja, con relaciones más libres, donde cada cual haga la suya con la única condición de que el otro no se entere. Pero me arriesgo a decir que son pocos los que se animan a llevarlo a cabo. Y que aquellos que lo intentan, muchas veces terminan disputándose los bienes. Precisamente porque nos cuesta un huevo salirnos de lo impuesto sin sentirse señalado. Y precisamente porque socialmente aun pensamos el amor entre dos, aunque querramos hacer alguna otra cosa con eso. Entonces toda idea por fuera de este esquema, hace peligrar la pareja y por añadidura, va en contra del amor romántico. Mejor seguir con esto de la monogamia, que es lo que conocemos y más o menos sabemos cómo funciona. 

Ahora bien. La monogamia es uno de los grandes inventos de la cultura, amiga del patriarcado y la heteronorma. Un invento que seguramente se creó porque de no ser establecido el mundo sería un desconche, vaya uno a saber a dónde iríamos a parar. Entonces podríamos pensar que nos ordenó, nos civilizó, pautándonos que es lo que está bien y que es lo que está mal. Un invento que trae aparejado toda una maquinaria del amor montada, que instala un modo de ser y de estar con el otro, para que esos dos que se aman funcionen de un modo casi predeterminado. Este es el amor que nos venden las películas pochocleras, es el dispositivo previo del que hablaba Darío, en el que estamos todos adentro; quizás algunos más suspicaces que otros. 

Poner en jaque a la monogamia, no significa que el amor entre dos no existe, claro que existe y de hecho es el que practicamos la gran mayoría. Lo que quiero decir, es que fuimos nosotros como sociedad los que lo engendramos, como también fuimos nosotros, los que lo internalizamos como la única versión posible en materia de amor. Y ahí la pifiamos. Porque habrá quienes sean monogamicos felices, como también habrá poligamicos felices, asexuados felices y un largo etcétera. Y todos debieran contar con la misma libertad de expresión. No hay un solo modo de amar, no hay un solo modo de hacer el amor, aunque así lo pensemos. 

Quizás llegue también el día en que uno pueda decir “yo tengo un amigo/a que es heterosexual y monogámico/a” y que haya más de uno que se asombre. 

Falta bocha igual. Pero sera cuestión de seguir deconstruyendo, rompiendo esquemas, ablandandonos, aceptando lo disidente. Me contento mientras tanto, con permitirnos pensar el amor de otra manera. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Ultima entrada:

ESTAMOS TRABAJANDO PARA OFRECERLES UN MEJOR SERVICIO.

Usted puede leer en: