martes, 5 de enero de 2021

CARTA DE DESAMOR.

Nicolás:

Antes que nada, espero que hayas respetado la única condición que pedí al darte esta carta, que la leas cuando nos hayamos desenamorado. De no haber sucedido eso, no vas a encontrarle sentido a todo lo que sigue y posiblemente yo me enoje, por no cumplir con tu palabra.

Sé que suena absurdo, esta debe ser la primera carta de desamor que se escribe con anticipación. Sabes que no me gusta el amor como lo cuentan las películas de Disney, que soy un poco pesimista respecto a las relaciones; que entendí después de unos cuantos finales infelices, que todas siguen más o menos, un mismo guion. Lo conocí, me gustó, me encantó, lo idealice, convivimos, viajamos, adoptamos un gato, entramos en una meseta, nos peleamos, nos decimos cosas horribles, no entendemos que le vimos el uno al otro, nos separamos, dividimos los bienes, nos peleamos por el gato, sigue el duelo, la bronca, la tristeza, la añoranza, tal vez nos vemos, nos matamos en la cama, lloramos juntos, decimos que sí, que esto es la mejor decisión, que nos queremos, pero como pareja no funcionó. Siempre, más o menos así.

Ya estoy cansada, se cómo empieza, lo que va a venir y como va a terminar. Desearía que no me pasara, que el amor aun guardara algo de sorpresa, pero sospecho que esto mismo fue lo que nos sucedió y por eso elijo escribir hoy, enamoradísima de vos, una carta de desamor para el día en que empecemos a mirarnos como dos desconocidos.

Sabes que soy un poco rara, que lo que tengo de simpática lo tengo de trastornada y desearía que el día que leas estas líneas, ya pese más lo segundo que lo primero, que vos también estés detestándome, pensando porqué nos fuimos a vivir a ese ph en Lomas de Zamora, porqué aceptaste conocer a mis viejos, cómo fue que en algún momento fantaseamos tener un hijo.

Yo te amé, no quiero que dudes jamás de mi amor, lo que te di fue auténtico, como también creo que lo fuiste vos, con tus virtudes y tus defectos. Sé que no tolerabas el olor a cigarrillo y que me puteaste cada vez que dejé las colillas en el balcón y que hubieses deseado que sea más ordenada, que sea la típica minita que te espera con la comida lista y siempre, con ganas de coger. Sé que te va a molestar cada noche que salga y vuelva después de las seis. Y posiblemente para cuando leas esto aún vas a estar reprochándome la mañana que llegué y vomité el guiso de lentejas mientras vos te preparabas el café para ir a laburar. Lo sé, no me preguntes cómo ni porque, pero ya sé que va ser de mí aquello que te lleve al hartazgo.

Y vos, vos posiblemente termines aburriéndome. Tus ronquidos me molestan, hago como que está todo bien, pero hay noches que me encantaría que duermas en el comedor. Y esa forma que tenes de masticar, muy fuerte, apretando bien los dientes, eso me saca de quicio. Pero no te lo dije hasta hoy, porque puedo lidiar con eso. Como también me banco tu olor a pata y lo mamero que sos para algunas cosas. Aunque sospecho que el día que te encuentres leyendo esto, sean estos los motivos por los cuales mi amor por vos se haya ido desgastando, hasta llegar a su fin. Porque somos personas reales, no somos el cuento de hadas que nos contaron y porque ya aprendí que siempre que me enamoro perdidamente acabo por desenamorarme. Y cuando eso pase, cuando nos hayamos peleado por el somier y la tenencia de Tito, cuando estés odiándome y deseándome a la vez, con los ojos en compota, revolviendo toda la casa para leer esta carta de mierda, quiero que tengas en claro que te amé, como me gusta amar a mí, dándolo todo, aunque sepa que los finales rara vez son felices.



PD: No intentes volver.

Tu mamushka, Beti.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Ultima entrada:

ESTAMOS TRABAJANDO PARA OFRECERLES UN MEJOR SERVICIO.

Usted puede leer en: