Lo conocí en el 2004, cuando viajamos a Bariloche. Paramos en el mismo hotel. Él era del colegio San Roque, yo iba al San Francisco. A ninguno de los dos nos interesaba esquiar, así que el día que estaba prevista esa excursión, los dos nos quedamos en el hotel. Me acuerdo que yo bajé al comedor a cargar el termo para el mate y él estaba sentado en la barra, leyendo un libro. Creo que eso fue lo que me cautivo. Que estuviese ahí solo, disfrutando la lectura frente a una hermosa postal del sur. No era precisamente un pibe fachero, era un chico común y corriente. Morocho, flacucho, de barba adolescente. Miré la tapa y haciéndome la linda, le dije “buena elección”. No tenía ni idea de que trataba aquello que leía. Pero me salió naturalmente, como si tuviese la certeza de que esas palabras funcionarían como un anzuelo. El levantó la vista, me miró con timidez y me dijo que si, que el libro estaba bueno. Me acuerdo como si fuera ayer, nos quedamos un rato en silencio y como no supe que más decir acerca del libro, le dije que habíamos hecho bien en quedarnos, porque afuera parecía estar helando. El tartamudeaba para responder y a mí me dio mucha ternura. No sé cómo explicarlo, pero recién lo conocía y quería abrazarlo, sentirlo cerca mío, que me cuente de sus miedos, sus sueños. Yo salía con Seba hacía dos años, pero nunca había sentido esa atracción. Fue como un flechazo directo al corazón, sin ningún tipo de escrúpulos.
Durante el viaje no pasó mucho más. Él estaba con su grupo, yo con el mío. Y no dejábamos de ser dos pendejos. Nos saludábamos en los pasillos, nos mirábamos en la cena. Una tarde, me invitó a su habitación, yo fui con la ilusión de que estuviera solo, pero los amigos no se movieron de ahí. Ese fue el día que me regaló un cd de Fito Paez que el día de hoy aun lo escuchó. Abre. Abre el mundo ante tus pies. Abre todo sin querer. Abre el zen, la vanidad. Abre la profundidad. Eso fue lo que me dijo al oído, cuando nos despedimos. En ese momento, no entendí que era lo que me estaba queriendo decir. Pero sonaba hermoso. Él era hermoso.
Pasaron los años y fue quedando sepultado como un viejo recuerdo. Lo único que tenía para mantenerlo presente era una foto en pleno centro cívico. Éramos dos bebes. Hace un tiempo soñé con él y lo busqué en las redes. Nos agregamos y nos llenamos de me gusta y de me encanta en cada publicación. El formó familia y yo ya no salgo con Sebas, pero estoy casada y tengo un hijo con Joaquín. Pero nos hablamos, como si no hubiese pasado el tiempo, como si estos quince años que nos alejan de aquel viaje de egresados no hubiesen transcurrido. Intentamos recuperar esos momentos como si se tratara de un rompecabezas que hay que volver a armar. Queremos reconstruir esas escenas y co-construirnos hoy, siendo dos adultos. El lógicamente estudió una carrera universitaria y se recibió de sociólogo. Sigue igual de flacucho, pero con una barba tupida que le da un aspecto de bohemio marxista que me puede. Incluso se dejó el pelo largo y se hace un rodete como lo usa Sebas. Me resulta difícil pensar que se trata de una simple casualidad. Nuestras conversaciones son un vuelo intelectual. Me da vergüenza admitir que en muchas ocasiones me encuentro buscando por google el significado de palabras que usa como parte de su léxico cotidiano. ¿Quién recurre a la palabra epistolario en el siglo XXI? Eso es lo que me seduce de él, su bocho, su capacidad de enredarme con términos complicados, que, aunque no entiendo bien que es lo que está queriendo expresar, yo le digo que sí, a todo le digo que sí. Me hace pensar, me calienta su cabeza, sus ideas revolucionarias. No hablamos explícitamente de sexo, pero se nota que no damos más, que estamos usando palabras difíciles para decirnos las guarradas más grandes.
21 de Junio de 2020.
Escribo esto porque no podía dejar la historia así, inconclusa. Ahora lo leo y me rio. Que ilusa. Que cuento me comí. Un día me canse de tanta literatura, tanta cosa culta, tanto palabrerío para no decir nada. Me harte de su exhibición de doctorados, tanto titulito para no saber encarar una mina. Le dio más vueltas que la calesita. Hasta que finalmente una noche lo apure. ¿Le dije, a ver, cuantas me dedicaste desde que nos conocimos hasta hoy? Yo tratando de ir al grano, ya habíamos hecho el laburo fino. Podes creer que el ñoño me respondió que nunca lo habia pensado, que se habia vuelto muy aséptico a lo sexual, yo no lo podía creer. La respuesta más horrible que podía recibir después de estar remándola en dulce de leche. Encima tuve que buscar la palabra aséptico en google. O sea, el flaco no puede disociar un garche de su intelecto, déjame de joder. Se fue al pasto. Decime que no se te para y ya. Que tanto vocabulario nerd, para después de 15 años llevarme tremenda decepción. Pedazo de magnánimo, pusilánime, errabundo, haraposo.
Nunca más, te juro que un sociólogo nunca más.
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