- Perfecto Enrique, gracias por tus palabras, antes de continuar con los demás, quiero que piensen, quizás eso los ayuda con su presentación, piensen cuál es su visión. Cuando hablo de visión, me refiero a eso que tienen por delante, el leitmotiv de sus días, eso por lo cual se levantan todas las mañanas y encaran la jornada con entusiasmo. La visión no es algo que deba pensarse mucho, es el objetivo que los mantiene en movimiento, lejos de ser un deber, un "tengo que", la visión es el propósito de su vida, la respuesta a todas sus preguntas, el motor de sus sueños y aspiraciones. Seguramente sea lo primero que se les viene a la mente. Sigamos con vos ¿tu nombre? Enrique empezaba a sentirse incómodo. No entendía muy bien cuál era el objetivo del encuentro y aunque considerase que todo lo que brindaba la compañía debía ser provechoso para su labor, había algo en el modo de hablar y gesticular del coach que lo ponía nervioso. - Me llamo Marina Saenz, tengo 36 años, trabajo en la compañía hace cinco y estoy terminando la carrera de administración de empresas. Supongo que mi visión es perfeccionarme una vez que tenga el título y combinar ambas actividades. Bah, no sé, ¿la visión en cuanto a lo laboral, decís? Al menos no soy el único que no termina de entender lo que este tipo está diciendo, pensó Enrique. ¿Cuál es mi visión? La verdad, nunca se había puesto a pensar en algo tan profundo, no al menos como el sr Laborde lo había referido. Enrique era un hombre sencillo, tal como él mismo se había descripto. Si tenía en su bolsillo el dinero para cubrir los gastos esenciales de su familia, él se sentía realizado. Y la salud, claro. De él y de los suyos. Siempre que aparecía algún compromiso de cualquier índole, decía; mejor ocuparse y no preocuparse. Era organizado, pragmático, protector de lo que más preciaba, su mujer y sus hijos, Tadeo, de 13 años y Simón, de 8. Para el, el trabajo era un medio para un fin, subsistir y alimentar a su familia. Su padre los había abandonado el día que cumplió seis años; con excusa de una gran oportunidad laboral en otra provincia. Se fue dándole un beso en la cabeza y nunca más apareció.
Enrique creció pasando hambre y viendo como su mamá se las rebuscaba de trabajo en trabajo para mantenerse. Habia llegado a Living Ensure por medio del padrino, fallecido al poco tiempo de su ingreso a la compañía. A los 30 años, la distribuidora en la cual se encontraba trabajando como repositor fue arrasada por un incendio. La empresa presentó la quiebra y sus empleados se resignaron a una magra indemnización. Después de una década de estabilidad laboral, Enrique no tuvo más opción que salir a buscar trabajo. Recorrió empresas, oficinas y comercios, pero no recibió ningún llamado. Finalmente, al concluir que cualquier imprevisto podía tirar por la borda el esfuerzo de años, decidió incursionar en el área de seguros de vida, impulsado por su padrino, que había hecho carrera en Living Ensure y a quien consideraba un gran referente. - Bueno, gracias a todos por su presentación. Me gusta escucharlos, saber de dónde vienen y a donde aspiran llegar. Los veo motivados, con ganas de aprender y desafiarse. Vamos a hacer un ejercicio que me encanta, yo les voy a dar una hoja y un lápiz y quiero que armen una grilla, ¿vieron como las que hacíamos cuando íbamos a la escuela, que pegábamos en la heladera, para no olvidar los horarios de las materias?, algo así, sencillito, no importa la forma, importa el contenido, quiero que piensen en lo laboral, lo profesional, lo familiar, en su economía y su salud y que puedan expresar como se sienten hoy en cada uno de estas áreas y como quisieran estar en el futuro, supongan a largo plazo, de acá a 20 años, por ejemplo. No se apuren, no estamos acá para ver quien termina primero, conéctense con sus emociones, cierren los ojos si es necesario y sean sinceros, ante todo con ustedes A Enrique no le caían bien los tipos que se mostraban tan seguros de sí mismos. No le pasaba con las mujeres, incluso en ellas era una característica que lo seducía. Así lo habia conquistado Sara, el único gran amor de su vida. Pero en los hombres lo entendía como una actitud arrogante, un despliegue exacerbado de potencia, que lo dejaba a él en una posición desventajosa. En esto pensaba Enrique cuando se vio interrumpido por el papel y el lápiz que le dejó Esteban sobre la mesa. - ¿Ya tienen todos? Arranquen nomas, no sean mezquinos con sus aspiraciones. Acá estamos para volar.
Enrique no podía concentrarse. Lo miraba con desprecio. Ahí estaba ese pedante dando lecciones de vida. Que generoso este país. Los demás habían respetado la consigna al pie de la letra, cerrando sus ojos y conectando con sus emociones. ¿Por qué no lo intentaba? En el fondo, a Enrique le costaba encontrarse consigo mismo. Siempre le habia resultado más simple observar a los demás. - Les voy a poner de fondo una musiquita para que se dejen llevar. Dicen que la música es una puerta al alma y ahí tienen que entrar para llegar a encontrar estas respuestas.
Enrique suspiró profundo y a regañadientes cerró los ojos. ¿Qué sentía hoy respecto al trabajo? ¿Y a su familia? ¿Cómo esperaba encontrarse en 20 años? ¿Lo profesional no es lo mismo que lo laboral? ¿Acaso él se habia planteado alguna vez que le gustaría ser o hacer? Su vida habia sido un conjunto de hechos fortuitos. Él no iba tras las oportunidades, más bien sabía recibirlas cuando estas se le presentaban.
Así entré a trabajar en la distribuidora, así llegué a Living, así conocí a Sara, así llegaron Tadeo y Simon, así estoy acá sentado pensado estas cosas. Él estaba conforme con lo que había alcanzado en su vida, pero no era de los que cuentan orgullosos que se rompieron el lomo para alcanzar sus sueños.
- Esteban, ¿Tendrás otro papel?
- Pero que bien Alberto, gran reflexión estás logrando ¿Alguien más necesita otro?
Qué raro, Alberto. Siempre queriendo dar la nota. Era el más nombrado en el análisis de competencia de la compañía. Para colmo, team leader. ¿Qué tanto había escrito como para terminar la hoja? Enrique miró la suya. La grilla que había armado a mano alzada aún seguía sin contenido. “No importa la forma, importa el contenido”. Esa expresión le habia parecido una estupidez. Una frase sacada de contexto, que parecía decir mucho, sin decir nada. ¿Cómo no va a importar la forma? Es lo que rodea al contenido, lo que sostiene la estructura. Arggh, no me puedo concentrar. Esta música de mierda que puso, vamos a salir dopados de acá.
- Ya terminé.
- Excelente Mónica.
- Yo también, dijo Manuel levantando su papel como un trofeo.
Enrique notó que los demás también estaban cerca de concluir su grilla, de modo que comenzó a responder lo primero que se le venía a la cabeza. ¿Lo laboral? Dinero. ¿Lo profesional? Crecimiento económico. ¿Familiar? Salud. ¿Y en salud?
- Bueno, hasta donde llegaron está perfecto. La idea de este ejercicio es que esta grilla la tomen como un recordatorio diario, incluso les recomiendo que la peguen en algún lugar de la casa que le quede a la vista, que puedan releerla y modificarla las veces que lo consideren necesario. Veo que les ha gustado, me pone muy contento que así sea. ¿Alguien quiere compartir algo de lo que pensó? Aunque sea un poquito. Me encantaría que podamos escucharnos todos, pero en unos minutos ya tenemos que entregar la sala.
- Yo les cuento, dijo Manuel, que seguía envalentonado con su trofeo. Lo resumo, en lo laboral hoy me siento confiado, muy a gusto con las oportunidades que nos da Living y con ganas de seguir creciendo, por eso en 20 años me gustaría llegar a ser team leader y aprovechar los premios que da la compañía para recorrer el mundo. Ahora estoy soltero, pero feliz. De momento no pienso en formar mi familia, pero sí que mis viejos y mis hermanos estén bien de salud. Y en lo profesional, si bien me gustaría seguir en Living hasta jubilarme, siempre quise dirigir una empresa, pienso en una cadena de. Ese es mi sueño.
- Me encantó, gracias Manuel, vas a lograr todo lo que te propongas, no tengo ninguna duda. El cielo tiene que ser el límite, el tuyo y el de todos. ¿Alguien más quiere compartir algo? ¿Enrique, que nos contas? Te veo pensativo.
- ¿Yo? No, nada en particular. Estuvo muy bueno, me dejaste pensando, sí. Gracias.
- Bueno, entonces me voy contento. Ese era mi objetivo, hoy, con ustedes. Que ustedes puedan reencontrarse con el suyo. VISIÓN. Recuerden esa pregunta, llévensela como un mantra. ¿Cuál es TU visión? Gracias a todos, cualquier cosa dejo acá mi Instagram. Tengo también algunos videítos de capacitaciones en Youtube, se puede acceder gratuitamente, me buscan como Esteban Laborde punto coach, acá se los dejo escrito, gracias a todos, nuevamente no duden en consultarme lo que quieran.
Ese día ni los que siguieron, Enrique dejó de pensar en Esteban y su mochila de entrenamiento emocional. Por un lado, se repetía a si mismo que el tipo le había resultado un presumido, enseñando herramientas de marketing de manual, por otro no podía ignorar el hecho de que finalmente desde alguna fibra, lo había conmovido.
¿Cuál es mi visión? ¿Porque no se me viene enseguida a la mente? ¿Solo me importa la guita? ¿Dinero? ¿Habiendo tantas cosas esenciales en la vida, lo único que-se-te-ocurre-responder-es-dinero? Dinero y familia. Enrique había estado toda su vida en piloto automático, cumpliendo una función mecánica, sin preguntarse por su pasión, su leitmotiv. No había tenido grandes sobresaltos, ni de los buenos ni de los malos. La única sacudida fuerte fue cuando se incendió la distribuidora, pensaba. Eso tiene que haber sido una señal que no supe tomar, un momento en que podría haber frenado y elegir el rumbo, mi rumbo. Y, sin embargo, había caído ahí, en Living Ensure, por agarrar la oportunidad que se había presentado. Y casi sin proponérselo se había convertido en un vendedor de seguros de vida ejemplar y en un abrir y cerrar de ojos, habían pasado 20 años.
Todos los días hago un trabajo fino para que mis clientes se pongan en situación, para que se encuentren con sus bienes más preciados, materiales y simbólicos. Para que expresen sus preocupaciones y sus metas, para que puedan dar cuenta del valor que tienen y la necesidad de protegerlos. Es una venta emocional, el cliente se tiene que preguntar por lo que siente. Y yo, yo no tengo ni una respuesta. No puedo responder siquiera cuál es mi visión. Vendo un concepto que no me creí, nunca me creí.
Esa mañana, mientras los chicos estaban en la escuela y Sara hacía las compras para el almuerzo, buscó un papel y escribió: Ustedes son mi visión. Mi objetivo en esta vida fue ayudarlos a que encuentren el suyo. Llevarles la comida a casa, para que tengan una buena educación, para que no tengan que pensar en cosas de adultos siendo niños. Están creciendo y me voy feliz de ver dos chicos sanos, que disfrutan las cosas, que se divierten. No se preocupen, papá se encargó de dejarles un dinero para que decidan su camino, para que puedan tomarse el tiempo de elegir las oportunidades y no que estas los elijan a ustedes. A eso vine, ya me puedo ir tranquilo. Cuiden a mamá, que no olvide nunca que fue mi gran amor.Los ama eternamente. Papá Enrique.
Al terminarla, dobló el papel por la mitad y del otro lado escribió con letra temblorosa, “Para Tadi y Simon”. Dejó la nota sobre la mesa de la cocina, fue hasta el garaje, desenroscó la soga que había anudado en un tirante del techo, acercó una silla a la altura del nudo, pasó la soga por encima de la cabeza y saltó.
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