Estos días que el triunfo de Argentina y la magia de Messi invadieron las redes, me dejaron pensando. No desvalorizo lo que once tipos pueden hacer en la cancha, toco de oído en ese terreno, aunque durante mucho tiempo fui una ferviente hincha del Boca de Bianchi, al punto de aun saberme gran parte de la formación de ese equipo.
Messi es un crack, no tengo dudas. Y maneja su fama como domina la pelota, con humildad y un perfil bajo admirable. Pero pienso, sería lindo que tantas otras victorias nos movilizaran de la misma manera que el triunfo de Argentina en la Copa América. Que despierten a un país dormido, que evidentemente pide a gritos una alegría, así sea con el barbijo puesto.
Victorias que se alcanzan después de años de lucha, que se hacen públicas, aunque permanecen invisibles para muchos. Y también otras anónimas, del común de la gente, que pasan desapercibidas por la mayoría. Un músico que termina una canción que lleva meses craneando, un pibe que recibe el alta después de darle batalla a una enfermedad de mierda, una docente que lava su guardapolvo por última vez tras décadas de enseñanza, un enfermero que llega a tiempo, una médica que da todo de sí para salvar una vida; aquel que finalmente encuentra trabajo y tiene con que pagar las cuentas, aquella que aprueba ese final que parecía imposible, el que llora de emoción al reencontrarse con su mascota, la que se ríe en soledad por haber logrado eso que tanto esperaba.
Y así podría seguir. Victorias que también se ganaron con esfuerzo, transpirando la camiseta, poniendo el alma y el cuerpo en cada paso. Cuantos logros, a simple vista, chiquititos, cotidianos, de gente común y corriente, pasaran por alto, cuantas copas merecidas se levantaran en silencio.
No reniego del fútbol, ni de Messi, ni del abrazo que se dio con Neymar, ni de los mémes de mirá que te como. Soy argentina y me alegra que en medio de la debacle, en algo, seamos campeones, así sea como espectadores. Pero sería lindo, también, que tantas otras victorias, chiquititas o enormes, propias o ajenas, se festejen con la misma pasión que la del sábado con la Copa América. No digo con esto que todos vayamos al Obelisco por cada triunfo personal, pero sí que intentemos ser espectadores y campeones, de victorias, comunes y corrientes.
No puede ser tan difícil, sin dudas, pasión a los argentinos no nos falta.
Empecemos por casa; ¿Cuál es tu victoria hoy?
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