Día a día,
minuto a minuto,
segundo a segundo.
Como los pasitos de un bebe, que aprende a caminar, a prueba y error, cayendo y levantándose, una y otra vez, hasta que un día logra pisar firme y avanza sin tropiezos.
Cuando irrumpe el dolor sin tocar la puerta, parece que no se va a ir nunca, que vino para quedarse, instalándose comodamente en el medio del pecho.
Pero no, aunque parezca duro de domar, el dolor en algún momento, se va.
Y para que se vaya, hay que dejarlo salir.
Es el momento en que pequeñas cosas como tomarse un mate mirando la nada, caminar sin rumbo o perderse en un libro se vuelven gigantes, porque distraerse en medio del bajón es hacerle Pito Catalán al dolor.
El Indio decía, "se que voy a perder un poco de tiempo y tirar con lo que hay".
Yo agrego que con lo que hay, mas que perder el tiempo, terminamos ganándolo.
De un día, a la vez.
No hay comentarios:
Publicar un comentario