lunes, 27 de febrero de 2023

EL CASO DE IVAN Y ALANA.

BULLYING Y SUICIDIO.  MATERIAL SENSIBLE.

Este caso es desgarrador por donde lo miremos. Dos hermanas, en realidad dos hermanos de doce años, se tiraron de un tercer piso, dejando una carta en la que él dejó escrito que sufría de bullying en la escuela, que no era feliz ni tampoco creía que llegaría a serlo alguna vez. Se llamaba Alana, pero pedía que lo llamaran Iván, porque así se autopercibía y este era el motivo por el que muchos de sus compañeros lo hostigaban.


Su hermana Leila, por esa lealtad de fierro que suelen tener los gemelos, lo siguió; porque no podía imaginarse la vida sin él.

Iván murió en el acto.

Leila está internada, paradójicamente luchando por su vida. Como dijo su abuelo, en la caída ella tuvo el instinto de protegerse.

Creo que ante algo así, una tragedia terrible ya consumada, al menos deberíamos hacer el intento de repensar algunas cuestiones. Que dos hermanos de doce años tomen la determinación de quitarse la vida tirándose desde el balcón no puede ser una noticia más, que circule unos días y con el tiempo solo perdure el dolor devastador de su círculo cercano.

Es un caso que tiene que sacudir unas cuantas estanterías; una tragedia, tal vez evitable, que debería hacernos frenar de golpe y pensar que está pasando en la sociedad para que dos nenes de doce años den por vencida la posibilidad de ser felices. No sabemos en qué circunstancias tomaron la decisión, pero no podemos ignorar que detrás de su historia; hay indicios de bullying, de transfobia, de xenofobia.

La discriminación, el hostigamiento, el acoso son en mayor medida las causas de suicidio en preadolescentes.

Yo recuerdo esa edad como los años de escuela más crueles. A los once, doce años la opinión del otro, sea de un par o de un adulto puede dejarte una marca de por vida.

A mi me cargaban porque no tenía tetas, tampoco se me notaba el culo, de yapa usaba ropa ancha y me preguntaban porque me vestía como un varón.

No importa que hayan sido comentarios aislados, en tono de broma; si lo recuerdo es porque en ese momento dolió tanto que guardo hasta hoy la cicatriz.

Pienso, que tortuoso es para la cabeza de un pibe de doce años, que está atravesando cambios en su cuerpo, en su voz, que posiblemente está en pleno despertar de su sexualidad; que tortura debe ser en su cabeza vivir una y otra vez, todos los días esa burla constante, ese desprecio por parte de algún compañero que lo tiene en la mira, hasta el punto de convencerse que no tiene motivos para seguir viviendo.

Doce años.

¿Qué mundo estamos construyendo?

Trabajando en escuelas, aunque no pueda generalizar, veo que hay propuestas de los equipos y los docentes para promover la reflexión en las aulas; algunas más acertadas que otras, pero sabemos que la educación empieza por casa. Y todavía es moneda corriente que a quien tiene sobrepeso lo llamen gordo, a las personas de piel oscura, negras, a quienes nacieron en Bolivia, bolita, al gay, puto; a las lesbianas, tortilleras.

Como adultos debemos ser conscientes que todo el tiempo estamos enseñándoles a los chicos una manera de ver el mundo. No solo en lo que transmitimos, también como lo transmitimos, hasta en el modo en que tratamos a los demás.

Ya en la micro-secuencia de pedirle algo al quiosquero frente a un niño, estamos enseñándole valores. Va más allá de si es tu hijo, la hija de tu amiga, tu sobrina, nieto, ahijada. Seamos conscientes de qué mundo le estamos mostrando a los pibes que están en pleno desarrollo.

Dejemos de mirar la tragedia ajena como algo que sólo le puede pasar al otro.

Tu hijo puede ser el hostigado u el hostigador.

Y los pibes expresan a gritos lo que les pasa, sea a través del llanto, el dibujo o la ravieta.

Esto pasó en España, pero pasa todos los días en nuestro país. Los mismos medios ya están haciendo las cosas mal si hablan de Iván como un caso de "disforia de género". Iván no sufría de disforia de género como leí en más de una nota; Iván sufría de discriminación por su identidad de género.

Las cosas por su nombre.

¿Cómo vamos a avanzar como sociedad si los mismos medios, siendo quizás la información que llega a la mesa de cada hogar, no miden el impacto de las palabras que usan? ¿Cómo pretenden concientizar respecto de la transfobia si en la mayoría de los titulares se refieren a Iván como Alana?

La pregunta quizás es si realmente pretenden concientizar.

Lo mínimo que pueden hacer los medios en honor a una víctima de transfobia, es llamarlo por su nombre; lo mínimo que pueden hacer los medios, ya con la tragedia consumada, es llamarlo como pedía a gritos que lo llamen, es respetar el deseo que no respetaron sus compañeros de escuela, el deseo que finalmente lo llevó a quitarse la vida.

Se llamaba Iván.

Y fue una víctima fatal del bullying.

Si queremos un mundo mejor, empecemos por los medio, sigamos en casa y continuemos en la escuela.

Que no sea una noticia más.




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