Cuando el tiempo pasa e insistis en ese bucle, puede ocurrir que termines en un callejón sin salida que solo te permite retroceder.
En estas circunstancias, es que muchas veces caemos en un boicoteo de nuestras propias posibilidades, es decir en lo que se conoce como un autoboicot. Nosotros solitos vamos poniendo palos en la rueda para no llegar a la meta e inventándonos obstáculos que nos impiden avanzar, incluso llevándonos a pensar que tal vez no activamos eso a lo que le venimos dando rosca por el simple hecho de que no contamos con el suficiente entusiasmo para hacerlo.
Cuidado con eso.
Los pensamientos a veces juegan en contra y patean fuerte y para peor, justo llegando al final del partido, que es cuando las emociones están a flor de piel.
Por eso, si estás dándole muchas vueltas a algo, te propongo pensar en primer lugar; esto que sé que tengo que enfrentar, que incluso quiero hacerlo; ¿no lo estoy haciendo porque no tengo ganas o no tengo tiempo o porque tengo miedo?.
Porque si hablamos de autoboicot, hablamos de miedo. Miedo a no cumplir las expectativas, a equivocarse, a fracasar, a perder el control, a los cambios, a la incertidumbre, al rechazo, al abandono, a la soledad.
A la muerte, a fin de cuentas.
El miedo se disfraza de muchas maneras, por algo en líneas generales, no solemos reconocerlo, porque aunque se trata de una respuesta adaptativa propia del ser vivo, solemos pensar al miedo como un signo de debilidad. Y no nos gusta nada admitirnos débiles, por lo que terminamos desconociendo lo que nos pasa en el cuerpo, frente a aquello que nos resulta amenazante. Ansío que esto que siento no sea mío, canta muy bien WOS.
No me hago cargo.
Miro para el costado.
Busco el rival afuera, cuando el enemigo se oculta adentro.
Maquillamos tanto al miedo que incluso muchas veces lo experimentamos como desinterés. Por eso hay que indagar si cuando uno dice "me da fiaca hacer esto u arrancar lo otro", en realidad no estén temblándonos las piernas del cagazo que nos da solo tan solo pensarlo.
El miedo hace estragos si no lo frenamos a tiempo, por eso registrar que algo te da miedo es el primer paso para hacerle frente. El segundo quizás vaya un poquito más lejos;
¿A qué le tenes miedo?
¿Qué podría pasar?
Valientes no son los que no tienen miedo, sino aquellos que se reconocen miedosos y le dan batalla.
Pensando en todo esto, digo; cuando eramos chiquitos y no nos podiamos dormir por miedo a la oscuridad, dejábamos la luz prendida y finalmente conciliabamos el sueño. ¿Por qué? Porque de esa manera, tal vez creiamos comprobar que no había nada a la vista a qué temerle; justamente porque en una gran porción, los miedos no tienen ningún correlato con la realidad, le damos forma nosotros mismos cual artesanos mentales y terminamos pensando que sí, que existen, que son monstruos que nos paralizan, que se vuelven cada vez más grandes, dejándonos estáticos en la zona de confort, impedidos en nuestra capacidad de acción; cosa de no correr ningún riesgo.
Por lo que te propongo también frente a cada desafío que se te presenta, que reconozcas al miedo como algo tuyo y frente al mismo, si es necesario, vayas por la vida como un chiquito que deja alguna luz prendida, para confirmar que a la vista no hay nada a qué temerle.
Pero no te duermas, despabilate, calzate los botines y entra a la cancha en plan de
"miedo, no te tengo miedo".
Dicen los que se animaron, que el miedo en realidad se hace cada vez más chiquito a medida que te acercas a él y te dispones a enfrentarlo, hasta que finalmente un día,
lo vences.
Ya no ocupa un lugar en tu cabeza.
Ya no te paraliza ni te hace retroceder.
Ahí sí, ya podes apagar la luz y dormir tranquilo.
Pero no te duermas, despabilate, calzate los botines y entra a la cancha en plan de
"miedo, no te tengo miedo".
Dicen los que se animaron, que el miedo en realidad se hace cada vez más chiquito a medida que te acercas a él y te dispones a enfrentarlo, hasta que finalmente un día,
lo vences.
Ya no ocupa un lugar en tu cabeza.
Ya no te paraliza ni te hace retroceder.
Ahí sí, ya podes apagar la luz y dormir tranquilo.
Después me contás como te fue.
No hay comentarios:
Publicar un comentario