lunes, 4 de septiembre de 2023

SILVINA LUNA, PRESENTE.

Imposible en estos días no detenerse a pensar en la trágica muerte de Silvina Luna y en el tormento que vivió hasta el día que su cuerpo dijo basta. Decir que le pasó lo que le pasó por una decisión personal es negar la sociedad hostil en la que vivimos y que a fin de cuentas, construimos. Y es negar también que la misma decisión que tomó Silvina buscando cumplir con los cánones de belleza, podría estar tomándola una hermana,
una amiga, una sobrina, una hija. O vos mismo. Porque nadie está por fuera del contexto en el que está inmerso. Porque por más que se piense que nadie la obligó a someterse a una operación tan riesgosa, por más que se diga que tuvo la mala suerte de caer en manos de un médico nefasto; la idea de recurrir a una intervención para tener el culo más parado no se le ocurrió a Silvina porque sí, porque se le antojó. Antes de la cirugía de la que fue víctima fatal, fue víctima de estereotipos de género, del ideal del  90 - 60 - 90, de la violencia mediática, del consumo de programas chatarra por gran parte de la sociedad que durante muchos años creyó que el humor al estilo Tinelli era simplemente un entretenimiento. Por suerte o más bien, por lógica, dejaron de entretener.

Nunca debió ni debe ni debería hacerse ni decirse nada respecto del cuerpo ajeno.  
Y mucho menos tomarlo como objeto para hacer de él, un espectáculo. 
Y lamentablemente, todavía sucede, porque hay cosas que están tan asquerosamente arraigadas en la sociedad que construimos, que lleva mucho tiempo dar con la raíz y arrancarla de cuajo.

Para que una persona recurra a un cirujano plástico con idea de hacerse algún retoque, antes tiene que haberse promovido, no sólo un ideal de belleza a alcanzar, sino también un medio posible para alcanzarlo; basta pensar en el concepto de cirugía estética, en cómo pasamos de los beneficios de una cirugía plástica en circunstancias que justificadamente lo ameritan a someterse a una operación con fines estéticos bajo una supuesta decisión personal.

Con el perdón de los especialistas, pienso que no hay nada que se haga en nombre de la estética, que responda sólo a una decisión personal, porque estamos hablando de cánones de belleza impuestos, de juicios de valor que determinan lo que es bello y lo que no lo es, con todo lo eso arrastra. Ya ahí, la libertad de elección queda desdibujada. Nos creemos libres de elegir qué consumir, cuando el consumo en realidad ya nos está esclavizando y más aún, si tiene el respaldo de la ciencia.

Nadie necesita someterse a ninguna intervención que se haga en nombre de la estética, en mi opinión ahí es cuando la medicina deja de cumplir su misión y va en detrimento de la vida.

Será por eso que me hace ruido escuchar que Silvina no tuvo la suerte de caer en manos de un buen profesional; para mí un buen profesional en la materia, sería quien se niegue rotundamente a llevar a cabo este tipo de prácticas, a intervenir un cuerpo ajeno solo para cumplir con estándares que nada tienen que ver con el deseo propio ni la salud ni el bienestar.

Un buen profesional quizás le hubiese salvado la vida; esa vida hermosa que deseaba y merecía tener, advirtiéndole no solo que corría grandes riesgos, sino que no tenía ninguna necesidad de correrlos.

Un buen profesional, que a mi modo de ver, hace un buen uso de la ciencia, con compromiso y ética; quizás le hubiese salvado la vida con solo decirle que no.

Justicia por Silvina Luna y más conciencia,

Por favor.



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