martes, 15 de septiembre de 2015

La pizarra y el velo.


Esa mañana salí de casa al ritmo de una urgencia. 
No contaba con mucho tiempo antes de ir a trabajar, diría más bien que me debatía entre ir en busca de ese pequeño gesto que simbolizara nuestro décimo intento de reconciliación o; almorzar. 
Opté por la primer opción, después de todo mi organismo venia acostumbrándose a un penoso régimen. 

Pedalee en mi bicicleta hasta dar con el lugar que buscaba. Una maderera, donde compraría una pequeña pizarra. Compré ademas, una bolsa de cartón para que quedara más vistosa. 
Y como nunca fui de un único regalo, compré también unos sahumerios y por las dudas un chocolate que sabía que no fallaría. 

Al llegar a casa pensé que habría de escribir en esa pizarra, tan tabula rasa como mis ganas de amar. Regalar una pizarra sin estrenar sería como entregar una tarjeta de cumpleaños sin dedicatoria.
No es mi estilo, al menos. 

Pensé para esta ocasión en una frase de Benedetti, otra de Frida Kalho, unas palabras del Indio, una estrofa de la bella canción de las simples cosas que vos me habías enseñado meses atrás. 
Finalmente opté por escribir o que naciera de mí; desde mí para vos, desde nuestra historia, ni más ni menos. Y sin premeditarlo ni editarlo, escribí con tizas de colores:

“Lo absurdo de lo difícil que nos resulta ponernos de acuerdo 
es que al fin y al cabo buscamos lo mismo, 
acompañarnos”

Me gustó, así lo sentía. 
Que difícil nos resultaba entendernos, aun teniendo en común lo más esencial. 

Sobraba un espacio en la pizarra. 
A decir verdad, tampoco es mi estilo dejar espacios en blanco, así que escribí en ese resto, una posdata; sonrojándome como una adolescente romanticona en sus primeros amores. 

“Te invito al cine”

Estaba contenta. Era muy simple mi gesto, pero sentía ansiedad por dártelo, esa ansiedad que tenia de niña, la noche anterior a navidad. 

Al cabo de unas horas te di mi bolsita de gestos. 
Al parecer le había dado en la tecla. 
La pizarra había gustado tanto como el chocolate. 

Leíste la frase, sonreíste, agradeciste y me besaste. 
Prendiste un sahumerio, dejaste la pizarra sobre la mesa de tu cocina, ahí a la vista de todo y de todos, en el espacio más concurrido de cualquier hogar. Y con mis palabras allí firmes, palpables, de mí para vos, pero a la vista de todos. 

Ojala se quedaran allí inmutable, pensé. 

Pretencioso mi deseo, considerando que hacía más de un año que decíamos ser una pareja y vos te habías vuelto una experta en maniobras para mantener la relación bajo un velo. 

En fin, de algún modo ya me había acostumbrado.  
Acepté que era tu proceso, que éramos dos personas distintas, que en una pareja no todo es parejo. 
Acepte, sí. Lo cual no significa que haya dejado de doler. 

“El amor y la tos no se pueden ocultar” había leído tiempo atrás en un libro que llegó a mí por esas causalidades del destino, un libro que por tanta casualidad leída, volví casi autoreferencial. Y si bien uno se acostumbra a cosas que ni aun acostumbrado puede imaginar, allí estaba sosteniendo mi propio velo, ocultando lo más lindo que tenía para dar. 


Cinco días después, la pizarra seguía luciéndose sobre la mesa, mis palabras de tiza apenas habían sufrido el desgaste de las horas. 
Y yo, contenta con tan simple cosa. 

El lunes siguiente, feriado, planificaste un almuerzo de hermanos. 
Un almuerzo de hermanos, al cual asistirían también las parejas de esos hermanos. 

Yo amanecí en tu casa, desayunamos. Vos mate, yo té. 
Pretendiste con un sutil autoritarismo que saliera a comprar el pan fresco de la mañana, pan para un almuerzo que no estaba invitada.
No salí a comprar el pan. Te enojaste sin motivo. Saliste vos a comprarlo y a tu vuelta  cruzamos unas palabras y me fui, asumiendo silenciosamente que sería mejor no pisar la hora del almuerzo. 

Volviendo a casa me preguntaba qué sería de la pizarra ante la visita de tus hermanos y las parejas de tus hermanos. 
Era una tontería, pero una tontería que significaba tanto, que no sabría si podía tolerar no verla allí donde se lucia hace una semana. 

A la noche me invitaste a tu casa, a degustar las sobras del almuerzo del que no fui participe. 
Solas, vos y yo. 
Las sobras de vos para mí, no a la vista de todos. 

Lo primero que hice al entrar en la cocina, casi instintivamente fue buscar con mis ojos la pizarra. 
No estaba allí sobre la mesa, donde esperaba verla. 
La encontré finalmente reclinada en la mesada, semi oculta, como yo en tu mundo. 
Mis palabras ya no estaban allí, quedaba apenas un tímido asomo de alguna letra. 
Mi reflexión sin premeditar ni editar; ya ilegible. 
Ni la posdata con la invitación al cine había quedado de pie. 

Era una pavada, si, pero significaba tanto para mí. 
Entendí que quizás lo absurdo de lo difícil que nos resultaba ponernos de acuerdo no era precisamente que buscábamos lo mismo; lo absurdo era que yo siguiera esperando algo de vos. Lo absurdo era que yo siguiera pensando que nos acompañábamos a la par, cuando al parecer vos querías caminar delante y tener mi sombra unos pasos detrás, vaya a saber con que pretensión. 

Tomé la pizarra y escribí con tizas de colores un adiós, sobre aquel tímido asomo de un deseo anterior, todavía fresco en mi memoria. 

Adiós, de mí, para vos. 
Quizás eso si quede a la vista de todo y de todos. 
O no. 

Posiblemente nunca lo sepa.


El amor y la tos no se pueden ocultar. 
Y sin dudas, el amor tanto, tanto, no tiene que doler.



4 comentarios:

  1. amiga! no hago mas q lagrimear, emocionarme y ver una excelente escritora. Admiro tu poesía, tu belleza al escribir, admiro como transformas el dolor en arte, en poesía, en canción... te quiero ,, te amodoro

    juli dorronsoro

    ResponderEliminar
  2. Que linda amiga, gracias. Me haces emocionar a mi tambien. Te quiero tantisimo!

    ResponderEliminar
  3. Wow. Con tanta calidez lograste definir algo tan frío como el desamor, sos grosa.
    El amor y la tos... Genial.

    ResponderEliminar
  4. Gracias amigo. Es asi como se debe interpretar. Dar todo de uno y recibir migajas.

    ResponderEliminar

Ultima entrada:

ESTAMOS TRABAJANDO PARA OFRECERLES UN MEJOR SERVICIO.

Usted puede leer en: