sábado, 2 de abril de 2016

Que tengas un buen día.




Caminando por la vereda, escucho al pasar a una mujer que despide a un hombre, deseándole no un buen día, sino un día productivo. 
“Que tengas un día productivo” fue su saludo. 
Acto seguido, la mujer entra a su domicilio, cierra la puerta y el hombre se dispone a retirarse de la escena, cargando a cuestas las palabras de quien lo despidió.
Nunca sabré qué tan productivo fue finalmente el día de aquel señor. 
Pero a mí, me dejo pensando.
¿Qué sería un día productivo?
Durante meses en mi análisis, ya recostada en el diván inauguraba la sesión despachando una protesta. “Esta semana no pasaron grandes cosas”. Me llevo otros tantos meses liberarme del peso pesado de aquella exigencia. Dudo que haya sorteado semejante expectativa de una vez y para siempre, pero al menos, logre que dejara de ser mi frase de cabecera.
¿Qué serian grandes cosas?
El saludo de aquella mujer, me recordó a mi insatisfecha espera de las grandes cosas, cosas que al parecer, rara vez me sucedían. 

Podría pensarse que hoy en día, la sociedad padece del ritmo cardíaco acelerado, del resto insatisfecho que se asegura el consumo para su provecho. 
La sociedad, hoy, respira mal, si acaso se toma el tiempo de registrar como respira. 
Nada es suficiente para nadie. 
Nadie es suficiente para nada. 
En la era de lo insaciable y lo infinito, no podes frenar, porque si frenas hay otros tantos detrás, que en su trote pueden pisotearte la cabeza.
La sociedad se ha convertido en una especie de maratón en círculo, el punto de salida se confunde con el de llegada. 
La única meta parece ser no detenerse nunca y el primer premio se le otorga a quien no deja de correr, mas allá de lo que sude, más allá de lo que aguante, más allá de que haya olvidado su propio registro de cuanto corrió . 
Menudo reto para los Budas y su afán de traernos sus prácticas espirituales desde Oriente.
“Produci, produci, produci, produci, produci”; te picotea con vehemencia el pájaro carpintero que nunca duerme en tus ideas. Y no me refiero a una producción necesariamente redituable en términos económicos; no me refiero a la composición de un producto tangible que puede otorgársele un precio, ponerlo en venta y pagarlo en cuotas. No. Me refiero a una exigencia de productividad que contamina incluso, al acto más cotidiano del ser humano. 
La exigencia de productividad comienza desde que suena tu despertador y vos te desperezas en la cama pensando que debes sacar el auto, sacar el perro, lavar la ropa, chequear el correo, pagar las cuentas, comprar la cena, llamar a la abuela, cortar el césped, atender el local, reclamarle al jefe. 
Y por la noche, reprogramas el despertador que padecerás la mañana siguiente y suspiras agotado por todo aquello que debiste lidiar. 
En fin, tu día fue productivo, sin dudas.
La productividad suele estar asociada a la eficiencia y al tiempo; cuanto menos tiempo se invierta en lograr el resultado anhelado, mayor será el carácter productivo de aquello que se realizó.
“Producir” entonces, en el imaginario colectivo de última moda implica estar permanentemente en movimiento, implica acción y retribución consecuente. 
Nadie hace ya nada porque sí. 
Nadie hace ya nada sin esperar de ello algo a cambio.
Quien verdaderamente sepa disfrutar del tiempo muerto, que levante la mano en la sala. Quien pueda caminar por la calle sin dirección alguna, en el simple acto de observar lo que pasa a su alrededor, sin intención alguna, que levante la mano en la sala. Quien logre tener los pies bien plantados en el presente sin pretender estar un paso más adelante de sus pisadas, que levante la mano en la sala.
Quien disfruta las pequeñeces del día a día; un abrazo, un aroma, una flor, una sonrisa, un mate, un libro, una lluvia sin paragua, un silencio en soledad, un paseo en bicicleta, una cena con amigos, un te extraño, un atardecer, una canción. Quien verdaderamente disfruta esas pequeñas cosas sin distractores, ni expectativas, ni rédito a su favor, digo, quien verdaderamente las disfruta en el preciso momento en que esas pequeñas cosas están sucediendo, fijando los sentidos solo en lo que aquellas le ofrecen, en mi opinión, merece un aplauso.
Y los demás, que tengan un buen día.

Quiero decir con esto, que aprendan a tener un buen día, 
sin la forzosa necesidad de hacer de él, un día productivo.


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